Me gusta pensar, no que piensen por mí. Me gusta Reflexionar acerca del mundo en el que vivo... me gusta el miedo y la buena literatura.
jueves, octubre 25, 2007
El orfanato
Y es una lástima, puesto que se le podría haber sacado mucho más partido a ese respecto.
Supongo que, como en muchos casos, todo se debe a la necesidad de hacer comercial el resultado, comercial en el sentido de acercarla al mayor número de espectadores, no a un conjunto limitado de aficionados al género. Por supuesto, es algo respetable.
Pero, siempre ese pero: ¿Qué magnífica película de terror, de terror de verdad, hubiéramos disfrutado?
El problema, que se repite en demasiadas ocasiones, es el de la pérdida de la tensión. El director, el argumento, crean una serie de escenas entroncadas de forma impecable, escenas de tensión en aumento, que finalizan en un clímax de miedo, espanto o susto, dependiendo de la situación… para posteriormente, en un ejercicio de, no sé si llamarlo irresponsabilidad, inexperiencia, apagar de golpe esa fuerza, devolviendo al asiento al espectador como si nada hubiera pasado.
Y en una buena película de terror la tensión es una propiedad que no se debe eliminar, que no se puede apagar, debe estar ahí, de fondo, omnipresente , creciendo a cada escena, sin piedad.
Ejemplos de este hecho (quienes no hayan visto la película absténganse).
Primero:
Su final. Parece como si hubiera tenido temor ante un corte que nos deja con la crudeza a flor de piel, sin más, sin conmiseración; y hubiera sido necesario descafeinar un poco la cosa (¿concesión a la comercialidad?)
Otro:
El error de pretender dar una explicación a lo sobrenatural, a ciertos sucesos. Siempre he dicho que en cualquier relato de terror sobrenatural, los hechos deben suceder, sin más; es así como ejercen su labor de desestabilización, su labor de espanto y escalofrío. Pretender añadir un aditamento racional, esa ventana a la posible explicación, no hace otra cosa que enfriar el ambiente, suprimir la tensión.
Hay dos obras en las que esto que digo se palpa:
La guarida, de Shirley Jackson; frente a La casa infernal, de Matheson. La primera deja las explicaciones, la búsqueda de la verdad, de lado, obteniendo un resultado terrorífico en cada capítulo; mientras que la segunda sólo alcanza esos niveles de miedo cuando lo racional se desintegra, cuando se pierde de vista la afición del autor por la investigación paranormal.
La visión, la lectura de una historia de terror, de miedo sobrenatural es un acto que se ejerce con los niveles de conciencia dominados por el instinto, por lo visceral, con la racionalidad constreñida en un segundo plano. El miedo entra a través de los sentimientos y las emociones; el miedo es empatía.
Cuando penetra lo racional, cuando le abrimos esa puerta, entonces los niveles de atención emocional se diluyen, dando el predominio a lo intelectual: una campo yermo para la generación de esa emoción llamada miedo.
Pero no nos equivoquemos. Es una magnífica película con una magnífica dirección y una actuación de la protagonista y el niño impecables e inolvidables. Una película que espero tenga suerte en su viaje a la meca del cine. Una película que abra puertas a la confianza en la capacidad creativa de nuevos directores.
Vean, vean... y no pierdan de vista a su hijo jugando con el amigo invisible.
jueves, octubre 11, 2007
Calcomanías
Quizá sea que el fenómeno fandom, friki, fan… como quieran llamarlo, con esa compulsiva necesidad de consumir más y más de lo que uno le gusta, obsesiona o agrada, el que alimenta esta tendencia hacia la calcomanía.
Vampiros, monstruos, asesinos, casas encantadas… patrones trillados, sin renovación, sin una nueva visión, un sesgo que, aunque mínimo, las reactiven y no las deje como una mera reinterpretación más o menos afortunada.
Sin embargo a veces, en algún campo, surge una obra que parece llevar la contraria a esto de lo que estoy hablando. Voy a centrarme en el del cómic, en dos obras,:una nueva y otra algo anterior.
Primero, la serie Treinta días de noche, de la que en breve va a aparecer una versión cinematográfica: una visita al mundo de los vampiros diferente, imaginativa. Los tres tomos que la componen, ya lo comenté en una vieja entrada, son magníficos. Aquí tenemos un esfuerzo por mostrar algo distinto, trabajado.
La más reciente se trata de Lurkers (Norma, colección Made in hell), de Steve Niles y Héctor Casanova, un cómic de zombis, necrófagos, o como quieran llamar, en la que los autores se salen de la línea común que define a estos seres fantásticos. Donde los patrones que los definen son reelaborados con elegancia y eficacia, mostrándonos unos seres escalofriantes a su manera. La verdad es que cuando lo releo termina sabiéndome a poco, termina haciendo que pida más, que los creadores tengan a bien extenderse más, profundizar, darme algo más de ese universo, de esa visión del terror.
domingo, septiembre 30, 2007
Nueva publicación
Se trata de Naúfrago, una incursión en le Ciencia Ficción. Un relato que sin todos mis compañeros de Taller CF 7 no hubiera salido del cajón virtual
Gracias a todos
Básicos del terror: La lotería, de Shirley Jackson
Este relato de Jackson actúa a así. Te arrulla, te fascina, te dejas llevar por su ritmo pausado y bucólico. Pero sabes que es un relato de miedo, sabes que el germen de lo maligno anda suelto, se esconde ahí, entre esas frases inocentes, tras esas imágenes inofensivas. Llega un momento en que crees intuir por dónde va a venir el abrazo de sobrecogimiento... sí, una vaga penetración en el futuro.
Y cuando llega, te sacude; la conmoción tarda en penetrar con todo su vigor, pero ya está dentro de ti; te ha cogido.
Respiras. Te permites una sonrisa: una sola sonrisa fría de reconocimiento, de admiración.
Es lo que tiene leer un buen, un magnífico relato.
El terror se esconde en la mayor de las inocencias, el terror bulle y germina en cualquier situación, hasta en la más casual de las acciones.
Lean, lean... y cuidado con los juegos de azar
jueves, septiembre 20, 2007
El color que cayó del cielo... en Perú
A veces la ficción, se adelanta a la verdad, no sólo en cuento a las posibilidades de futuro se trata, sino, a veces, en cuanto a las sorpresas que la naturaleza puede darnos… amargas sorpresas.
¿Quién de los aficionados a la literatura de terror no ha leído el relato del maestro Lovecraft El color que cayó del cielo? Se trata de uno de los más famosos y, para algunos, de los mejor trabajados del autor de Providence. ¿Y Quién no se ha sorprendido al leer en la prensa, estos días, las noticias sobre la caída de un meteorito en el Perú? No hablo de la caída en sí… y eso que ha sido espectacular —basta ver las imágenes del cráter, ese acercamiento visual a los misterios del espacio—. Hablo de los sucesos posteriores
Lean en el diario El mundo:
Cefaleas, vómitos, diarreas… todo el que se acercaba al cráter terminaba infectado por un tenebroso mal.
El misterio nos rodea, la imaginación, en su vertiente más oscura y descabellada, puede acertar en su desvaríos, acercándonos a una realidad menos amable, más vertiginosa, desconocida, que acecha…
Coman, duerman, vivan... y de vez en cuando miren al cielo; sí, miren.
viernes, septiembre 07, 2007
De lo sobrenatural y de lo humano en el terror. Reflexiones a vuela pluma
Dándole vueltas a la mollera, tras haber leído el libro Horror 7 de Martínez Roca Gran Super Terror, me di cuenta de lo mucho que me gustaba el terror de corte sobrenatural. Y de ahí a ponerme a pensar en porque no me gustaba tanto ese otro, el que tiene al propio comportamiento humano como origen y protagonista, sólo pasó un minuto, más o menos.
Claro, a veces uno termina por descubrir que, en realidad, dicha animadversión es una supina estupidez. Porque al final lo que importa es la calidad, y un buen terror que no contenga elementos sobrenaturales, con una buena trama, un enfoque original, un lenguaje hermoso… entonces pasa a ser un buen relato, a secas, sin más: algo que merece la pena leer y disfrutar.
Claro, entonces ¿Por qué ese distanciamiento? La respuesta es clara. De la misma forma que el terror sobrenatural es un campo abierto y fértil, un campo donde las nuevas ideas nacen con relativa facilidad puesto que todo vale; el otro terror, aquél que protagonizan los actos humanos puros y duros, sus deseos, sus fobias, sus desequilibrios: ése es un lar trillado, un campo en el que la semilla se enfrenta a una tierra dura, pisoteada. Allí el agricultor tiene que esmerarse para no obtener otra simple, chusca, desagradable zarza más, puesto que en él sólo suelen nacer zarzas y más zarzas —psicópatas, sociópatas, monstruos, desequilibrados, asesinos más o menos cultos, más o menos exquisitos, más o menos sangrientos, deformaciones de la naturaleza… todos iguales con ropajes distintos—, todas cortadas por el mismo patrón, zarzas que sólo se diferencian en el nivel de brutalidad, en lo explícito de sus imágenes y otras varas de medir simplonas, comerciales, sin belleza, sin esencia.
Y esto me hace confirmar más si cabe mi opinión, la de que hay que dejar atrás la valoración de los géneros; el género sólo entorpece, el género, como definición y guía, a veces es una rémora pesada que nos aleja de joyas. Hay que saber dejarlo en su sitio, en un plano secundario. Sólo cuenta el relato, la creación en sí. Y entonces sí, ser duro, ser implacable, ser cruel y despreciativo si llega el caso; o disfrutarlo, releerlo, valorarlo y recomendarlo.
Porque aunque me guste el terror sobrenatural, debo admitir que en él hay creaciones aborrecibles, tantas como en el otro, y si existe una inclinación hacia él, quizá sea más bien gusto personal y no valoración objetiva.
domingo, agosto 26, 2007
Y ahora en televisión
Para los que no lo sepan, formo parte de la tertulia zaragozana de Ciencia Ficción, Fantasía y Terror (Tribbles). Miembros ilustres en ella: David Jasso, autor de La silla y Cazador de mentiras; Fermín Moreno, editor de la revista Sable y todos los otros que gastamos saliva y emoción cada miércoles de quince en quince días.
Y resulta que la Televisión de Aragón sintió curiosidad por nosotros.
Y he aquí el resultado.
No, no somos frikis, de verdad...
¡Ah! Yo soy ese tal Jose María, el tipo que al principio lleva las gafas y la bandolera.
lunes, agosto 13, 2007
Bradbury...
Y es que ando enfrascado en la lectura de La feria de las tinieblas de Ray Bradbury. Al final me harte de leer acerca de ella, de verla alabado, idolatrada, beatificada.
Y me cuesta, me cuesta avanzar.
Se trata del lenguaje, de la forma. Bradbury me agota, su propensión al rocambole, a la floritura, a poetizar la prosa hasta un extremo insostenible, choca con mi forma de entender la escritura. Y reconozco que es tan sólo cuestión de gustos, nada más. Me crié en una escuela dura, la novela negra americana de Hammet, de Chandler; la prosa suave y profunda de Steinbeck me acompañó unos años; Torrente Ballester se ganó mi respeto con una obra densa y libre, al mismo tiempo… y otros tantos.
Pero con Bradbury, con este relato, no puedo… revolotea, avanza como una abeja que se detiene en cada flor, en lugar de tomar el sendero del bosque; pero me he propuesto terminarlo. Obedecer las consignas, aguantar, avanzar… finalizar.
Urgando en lo arquitectónico: imaginan a un amante silencioso, un amante sentimental, incondicional, pasional, del Románico… recomponiendo su gusto hacia el Barroco, ese soy yo.
La escritura de Bradbury tiene algo de sensual, de acaramelado: si no interviene una imagen, una insinuación, una metáfora… entonces no merece la pena decirlo. Los personajes no son de carne y hueso, son ideas, son entonaciones de una melodía desenfocada. El entorno es música de fondo, salmodia de viento, un arrebato de pinceladas expresionistas Quizá ahí resida la belleza que todos le atribuyen, en esa forma peculiar de introducir al lector en la fantasía en lo onírico e irreal, sumergiéndolo a conciencia, no sólo mediante los hechos narrados, sino, y fundamentalmente, mediante el lenguaje..
Ya les contaré llegado el momento, mientras tanto sigo con la mía.
sábado, agosto 04, 2007
The woods
En el mundo del terror uno puede plantearse estas divisiones según muchos ámbitos y enfoques. En este caso, para la película que me ocupa en esta entrada, usaré el enfoque del entorno.
A veces hablamos del terror de ámbito urbano, otras, del entorno natural. The woods, en España, El bosque maldito, se enmarca dentro de esta segunda acepción.
¿Han estado alguna vez, al atardecer, dentro, bien dentro, de un bosque de verdad?
Es una experiencia inolvidable en casi todos los aspectos; el olor, el supuesto silencio, esa sensación de pequeñez que nos envuelve y aturde, esa sensación de extrañeza, de ser algo ajeno. El bosque emana un olor especial, sí, el olor de lo primigenio, de lo inviolable y lo indomable. Un bosque no se domestica; el hombre lo intenta, pero al finaln tal intención se ve abocada al fracaso y, a lo sumo, sólo se consigue una torpe y desenfrenada destrucción. Quizá el bosque, un bosque antiguo, en penumbra, es lo más parecido al concepto de naturaleza salvaje que nuestros antepasados contemplaban y vivían hace siglos en el día a día.
El bosque mantiene la cualidad de los siniestro, es un útero que oculta lo desconocido, que apenas nos lo deja entrever si no es por medio de susurros, de sombras medio desveladas, de evocaciones.
The woods asume esa perspectiva. La película, acertada en ambientación, en enfoque, en silencios e insinuaciones, es un buen ejemblo de lo que se puede hacer sin necesidad de abusar de efectismos y efectos especiales. Estos están ajustados, lo mismo que la sangre y lo explícito.
The woods enfoca la trama desde la perspectiva y con el protagonismo de lo femenino ,y uno no puede más que retrotraerse a lejanas lecturas de mitología e historia, de volver a esa época de matriarcado, paganismo y creencias ancestrales, en las que la naturaleza y la mujer jugaban un papel esencial, cruel a su manera (cruel según este nuestro actual enfoque racional y masculino) y definitorio. La película asume la parte siniestra de lo femenino como arquetipo mitológico, lo esboza con magistral eficacia.
En fin, nos encontramos ante una historia de miedo de intriga, bien urdida, ¿original? sí, dentro de lo que actualmente se puede catalogar como original.
De verdad, desde The descent y Frágiles, no me lo había pasado tan bien.
Vean, vean... adéntrense en las sombras apartando hojas secas, acariciados por el toque escalofriante de las ramas bajas.
viernes, agosto 03, 2007
Líbranos del Mal, de Allen Lee Harris
Son cosas que pasan.
Otro de los elementos que me han atraído del libro ha sido la sutil presentación de esa visión religiosa global, de ese integrismo larvado, del tinte religioso, que impregna buena parte de los aspectos de la vida cotidiana y fluye como corriente subterránea en muchas zonas de Estados Unidos. Lo hace sin exagerar, sin llegar al histrionismo; algo a agradecer, pues uno imagina que la realidad se parece mucho más a eso que a las versiones histéricas y amarillistas que a veces vemos en la caja tonta o en obras de todo corte.
Un libro muy en linea de la colección en la que lo he leído: Vidorama; irregular, elusivo.
Bueno, si lo consiguen, quizá no pierdan el tiempo... es mejor que algunas de las cosas que hoy en día nos quieren vender como buen terror contemporáneo.
lean, lean... y cuidado con las serpientes.
sábado, julio 28, 2007
Renace Sinergia
Hablamos de ficción especulativa, de realidades conjeturales, de buena literatura, buena e inteligente.
Marquen esta revista electrónica en sus favoritos, entren de vez en cuando a leer sus novedades, no les miento si les digo que no saldrán defraudados.
Enhorabuena Sergio y compañía.
Nueva Sinergia
lunes, julio 23, 2007
Básicos del terror: Los hijos del reino, de T. E. D. Klein
Hay relatos que a uno le hubiera gustado escribir, y no, no hablo de aquellos que son famosos, o de una calidad literaria sin parangón, no. Hablo de relatos que son como uno tiene en la cabeza que se debe escribir cierta historia, que se adaptan al germen de cómo tiene que ser eso del escribir que el aprendiz tiene en la sesera al enfrentarse a la página en blanco.
En este caso les voy a hablar de Los hijos del reino de T. E. D. Klein, narración que aparece en El segundo gran libro del terror, de Martínez Roca.
Hay cosas difíciles de hacer cuando uno se pone a escribir este tipo de historias: la primera es la de transportar a escenarios contemporáneos ideas, historias que beben de una tradición cultural, de una idiosincrasia histórica y estilística muy anterior. La otra es la de hacer aparecer esas ideas como novedosas y no como antigüedades acartonadas, imaginería pulp desfasada y casi risible.
Hablamos de un pueblo viejo, de una nueva concepción mítica del origen del hombre de una raza maldita desde los tiempos remotos, castigada por los dioses… todo con un aire muy lovecraftiano, muy bizarro.
Hablamos de una ciudad, NuevaYork, vista desde una perspectiva diferente, una ciudad oscura, de rincones inesperados, con secretos.
Hablamos de cómo mezclar ambas ideas sin caer en un relato pulp e infantil. T.E.D. Klein nos conduce por las calles de
El reto de hacer creíble lo increíble, de sembrar la duda, la piedra de toque de cualquier autor, es eso de lo que hablamos, es eso lo que vemos y agradecemos al terminar de leer el relato.
Lean , déjense llevar por la aparente ironía del escritor, que parece que no se crea ni él mismo lo que insinúa… hasta que lo mejor es dejar de reírse; déjense llevar a un final sutil, sin paroxismo, uno de esos finales que explotan minutos después de haber terminado la lectura, como esos viejos vinos: que ofrecen lo mejor segundos después de haberlos bebido, cuando saboreamos el poso que ha quedado en nuestro paladar.
Lean, lean, y no olviden revisar esos rincones olvidados en el sótano.
jueves, julio 12, 2007
Cazador de mentiras, de David Jasso y Santiago Eximeno
Nos encontramos con terror nacional y bueno, encima.
El libro asume las ventajas e inconvenientes de su propia concepción y realización a cuatro manos.
Lo malo, para dejar el buen sabor de boca al final, es la desigualdad entre diversos capítulos y sobre todo, la necesidad de profundizar algo más en los personajes, dotarlos de algo más que de un conjunto de acciones y reacciones, dotarlos de una vida, de un fondo creíble que nos ayude a conectar con ellos. Creo que es el principal defecto, y probablemente único que tiene la obra: unos personajes algo planos y en número excesivo. El hecho de que algunas partes muy concretas, algunas descripciones, se me hayan alargado, inflado en demasía, es tan sólo una valoración de gusto personal, que otros pueden ver como una virtud.
Y ahora lo bueno.
No hay nada que envidiar a la imaginación extranjera que domina el mercado editorial. Aquí se crea fantasía, terror, ficción de la buena. Este es un ejemplo: un libro de lectura rápida, no por vacío, o por insustancial, sino porque se le ha sabido dotar de un fantástico ritmo narrativo general. El hecho de que se haya escrito, como he dicho a cuatro manos, hace que cada capítulo sea casi un ente independiente, con la virtud del relato corto de atrapar al lector cuando está bien escrito, y estos lo están.
El planteamiento argumental es inteligente y original… un pueblo que aglutina a unos personajes dispersos, un pueblo que es origen y foco de algo monstruoso. Quizá el protagonista del relato debiera ser Certeza, y no el monstruo, el cazador de mentiras. Un ser arcano, misterioso, terrible e implacable; un ser con un solo objetivo: el castigo.
Un argumento bien acabado, bien escrito, original y de calidad… una buena apuesta.
Sí, amigos y amigas, vayan corriendo a comprar su ejemplar. Merece la pena.
A la limón de esto último, ya sé que quizá haya una oferta literaria de terror de origen extranjero que, por razones publicitarias, de calidad, de lo que sea, se nos haga más aparente y atractiva que la nacional. Pero debemos dejarnos de provincianismos. Todos queremos, deseamos, un fondo narrativo, un conjunto de escritores nacionales consolidados y de calidad, y para eso debemos fomentar la publicación de su obra, arriesgarnos a ir a la librería y decidirnos por esas obras antes, o quizá junto a esas otras contemporáneas, ‘de afuera’… que, sea dicho, últimamente han bajado en calidad de una forma abrumadora. Aquí los hay, sólo hay que darles una oportunidad.
Cazador de mentiras es un buen inicio
Saludos y lean…lean, y cuidado; una mentira se le escapa a cualquiera.
Enhorabuena David (y Santi, claro), ya te contaré más en la tertulia... y tú podrás cortarme las orejas
domingo, julio 08, 2007
El ángel negro, de John Connolly
Nos hallamos sin duda ante una novela de terror. Así como en las anteriores obras de la serie dedicada al investigador privado Charlie Parker la parte 'negra' de la trama dominaba, en esta última lo sobrenatural se convierte en el centro de esa trama, en el origen y destino, siendo la parte policíaca secundaria. A destacar las referencias históricas que salpimentan los capítulos, espléndidas, a algunos quizá les puedan parecer gratuitas, pero, en mi opinión, clarificadoras; pequeñas islas sobre las que echar pie , descansar, tomar aire para seguir la narración.
A través de las cinco obras de la serie el fondo sobrenatural había ido tomando importancia, hasta llegar al desenlace al que hacemos referencia: un personaje obsesionado por la muerte, el pasado, por la redención: un protagonista inmerso en un mundo de fantasmas y mal.
Por que la obra de Connolly es un a obra dedicada al mal, a definirlo, a mostrarlo sin ambages, sangriento, cruel, gratuito y destructivo. Parker es el adalid de un bien extraño, con sus propias reglas, un bien que a veces bebe de ese mismo vicio que quiere combatir, un adalid sobre el que convergen infinitas corrientes siniestras, un ser trágico cuyo destino es ayudar a quien no puede ser ayudado ya, un hombre continuamente enfrentado a un mal camaleónico, omnipresente.
Sí , sin duda nos encontramos leyendo una novela de terror, de miedo, una novela que nos muestra la cara oscura del universo, las fuerzas del infierno desatadas. Connolly sabe gravitar entre la afirmación total de un mal más allá de lo humano, y otro, puramente humano, habitual, urbano... entreteje su narración hilando el argumento con ambos hilos, ambos extremos deºla misma madeja, tejiendo un lienzo de sangre, crueldad, desamparo, instinto y redención.
La verdad es que, quien quiera leer a Connolly y su obra de Parker, debería hacerlo comenzando por el principio de la serie y siguiendo la trama, siguiendo la maduración del personaje, de aquellos que conforman el estupendo e importante elenco de secundarios.
Lean, lean... sin desperdicio nalguno
martes, julio 03, 2007
Básicos del terror: Chickamauga, de Abrose Bierce
Hay una forma de relato de miedo que no parece serlo, un relato en el que lo terrorífico no apremia, donde no es más que una premonición incierta que late en nuestro cerebro conforme avanzamos la lectura, un terror que sólo se manifiesta como tal en ese último párrafo feroz y despiadado.
Hay autores que no hacen concesiones al lector, creadores que desangran, que rasgan y mutilan nuestras encandiladas e inocentes almas con el arado de la pluma, con una visión del mundo negra, amarga y sin indulgencia.
Ambroce ‘Bitter’ Bierce es, sin duda el abanderado de esos escritores crueles, de esos autores que manejan el terror desde una perspectiva ajena a todo lo sobrenatural y sin ambargo logran pulsar la nota adecuada que nos conmueve y desestabiliza. Bierce, en una visión primeriza y simplona, es el maestro de la ironía macabra, del sarcasmo cruel, sin embargo debajo de todo su obra flota una agudeza brutal en la percepción de ese lado de la vida oscuro y diabólico que es inherente al ser humano, su brutalidad, su pérdida en el océano del instinto, la relación con un universo amoral y por momentos cruel y certero.
Chickamauga
En este relato encontramos definida la pérfida y precisa visión del mundo de Bierce. Donde lo alegre, lo infantil, lo virginal y puro sucumben ante una realidad poderosa, donde la casualidad no es tal, sino un bien tejido sendero que el destino recorre sin compasión.
Uno lee los relatos de Bierce y termina por volverse un desconfiado del universo, del mundo entero, un desconfiado y paranoico que no para de buscar de dónde va a surgir la desdicha, el giro cruel.
Lean a Bierce, lean Chickamauga o cualquiera de sus cuentos. Encontraran una nueva y escalofriante vertiente del terror.
Abducidos
No se asusten, por favor, no se me marchen. No voy a hacer publicidad de las pseudociencias y demás magufos paranormales. No, tan sólo les quiero hablar de la serie Abducidos, (Taken). Dicha serie ha sido producida por Steven Spielberg, lo cual implica de partida un cierto marchamo de calidad.
Esta recorre a través de cincuenta años de peripecias las vidas entrelazadas de tres familias, la familia de un abducido en la segunda guerra mundial, la familia de una ‘contactada’ que se queda embarazada de un alienígena y, por último, la familia del militar de las fuerzas aéreas que se esfuerza en desentrañar a cuaqluier precio a qué han venido nuestros amigos de ahí afuera.
La serie hace a lo largo de sus diez capítulos un repaso de lo que ha sido el fenómeno ovni en Estados Unidos, explorando hipótesis, exponiendo hechos de la historiografía de la ‘investigación’ ufológica. La serie se decanta por una determinada interpretación: los ovnis son reales, están tripulados por seres extraterrestres y vienen, se nos llevan, experimentan con nosotros con un determinado y oscuro fin, que sólo se desvela al final de la serie.
Es obvio que hablo de calidad técnica de la serie, de su buena ejecución, de su espléndido guión, el dibujo fino y profesional de los personajes, sus espectativas, motivos y necesidades. No hace falta ser un fanático enfebrecido, ni siquiera un aficionado tímido, ni tampoco un tipo sensato que no crea en esas cosas; todos, todos pueden ver y disfrutar de esta serie. Hasta el descreído más recalcitrante, tan sólo se trata de ficción, de una elucubración fantástica bien orquestada.
La verdad es que, personalmente, soy bastante reacio a pensar que nos visiten seres de otros mundos (al menos, dejando la puerta algo abierta, de esa manera), reacio al fenómeno ovni en sí, y que conste que poseo la certeza del converso, pues, en mi juventud, mordí del árbol prohibido. De aquellos años de curiosidad me queda un poso amable, una gran desconfianza y lo mejor: pervive una total curiosidad frente a este fenómeno y todo lo que sucede alrededor, curiosidad hacia la parte, llamémosla, sociológica, psicológica del asunto.
Me fascina ver cómo y porqué algunas personas creen a pies juntillas en estos hechos, como son capaces de centrar su vida en ellos, manipularla, desvirtuarla… o quizá crearla. A veces pienso que no es sino otra forma de creencia, de fe, de la necesidad de algo trascendente que nos supera, nos engloba, nos da sentido. En otras, un escenario que algunos espíritus débiles usan como medio de autodestrucción; en demasiadas, un perfecto cuento con el que medrar económica y/o socialmente.
Bueno, lo dicho, si pueden echarle mano, vean Abducidos.
viernes, junio 29, 2007
John Connolly
John Connolly publica en España una nueva novela de su serie dedicada al investigador Charly ‘Bird’ Parker. Y esto para los amantes del terror y sobre todo, de la buena novela negra actual, es una inmejorable noticia.
Entré en la obra del autor de casualidad, de esa forma callada y visceral que a veces nos mueve a comprar un libro, más por impulso que por publicidad, comentarios o críticas favorables. Leí, nueva novela negra, me gustó el argumento y me lancé.
Desde entonces no he dejado de ir corriendo a la librería a comprar cada nueva obra de este autor: jamás me ha defraudado.
Me gusta la novela negra, casi tanto o más que las creaciones de terror, sobre todo el hard boiled norteamericano, mis enseñas son Chandler, Hammet y Goodis…
Y cuando un amante de estos dos géneros encuentra una obra que los aglutina, mezcla y muestra con acierto, entonces goza con la lectura, y relee, y espera con impaciencia las nuevas publicaciones.
Connolly mezcla terror y novela negra, salpimentando esta última con ligeras pero importantes trazas del primero. El terror sobrenatural es un trasfondo, una melodía en segundo plano sutil y sencilla, pero que define y encarrila buena parte de, si no las historias en sí, sí de la personalidad del personaje principal.
No voy a contarles argumentos, no, eso es algo a lo que ustedes deben arriesgarse. Yo, sinceramente, pienso que es una apuesta segura, un valor en alza. Recuerden John Connolly.
Las obras, en orden de aparición en
Todo lo que muere
El poder de las tinieblas
Perfil asesino
El camino blanco
Y la última, recién publicada:
El ángel negro
Biografía y enlaces del autor en la editorial
lunes, junio 18, 2007
Publicando
Y esta sucesión de barbaridades, ¿a qué viene? A que de nuevo veo aparecer a un hijo mío, esta vez en el fancine Miasma. Se trata del relato, el mazo… como dicen en su presentación: 'José María Tamparillas que debate sobre la perversión y la obsesión en su relato…'
Espero que puedan hacerse con un número, espero que mi creación, y las de la compañía, les gusten.
miércoles, junio 06, 2007
Básicos del terror: El día de los trífidos, de John Wyndham
Obra hito del fantástico del siglo pasado, icono señalado, El día de los trífidos (1951) es una de esas obras que todo amante del género fantástico, del terror, debe leer en algún momento de su vida.
Que quizá se haya quedado anticuada, que sea una de esas obras en las que el paso del tiempo ha pesado más que en otras, es posible. Sin embargo mantiene u resabio de obra maestra de la imaginación y la especulación, que la hace apetecible y divertida.
La humanidad se tambalea, un misterioso fenómeno celeste deja ciega a casi la totalidad de la población. Aquellos que mantienen ese sentido esencial deben sobrevivir a la consecuente caída de lo que hasta entonces ha sido esa humanidad. para colmo, un resultado monstruoso de la investigación genética: los trífidos, plantas inteligentes y carnívoras, se expanden sobre la faz de la tierra si apenas nadie que les haga frente.
John Wyndham especula, y lo hace a veces con sumo acierto, no ya en la posible certeza de sus tesis, si no en la totalidad de los miedos que asaltan a los 'supervivientes'.
Si uno lee bien el libro, aunque los trífidos parezcan parte esencial de la obra, en realidad podrían haber sido sustituidos por cualquier otro elemento perturbador que añadiera un punto más de tragedia a la ya lamentable situación de los humanos.
martes, junio 05, 2007
Sin noticias de Dios
Retomo con placer esta bitácora después de un tiempo de silencio. Y lo hago para hablar un poco de eso de la globalización del mestizaje entre estilos.
Ayer, junto a mi mujer, tuve la oportunidad de disfrutar de nuevo con la película Sin noticias de Dios, de Agustín Díaz Yanes. Nos encontramos con la enésima vuelta de tuerca sobre el mito de lucha cielo e infierno, sólo que desde una perspectiva diferente, aunque no original (es poco lo que se puede crear que sea de verdad original a este respecto).
Sin noticias de Dios es una buen película, con una Victoria Abril genial, una Penélope Cruz quizá un tanto sobreactuada y una Fanny Ardant espléndida… ya no hay mujeres así, esa época se terminó; permítanme esta salida de tono, por favor.
Película extraña en el entramado repetitivo del cine español actual, donde, por término general nos encontramos refritos y parodias bufonescas, dramones existenciales de autointrospección aburrida y poco más. Quizá sea excepciones así las que todavía nos encariñan con nuestro cine patrio y no hacen que tiremos la toalla todavía.
Pero a lo que vamos.
Sin noticias de Dios es la demostración de esa infiltración de lo fantástico dentro de las artes que antes, de una forma solapada o directa, habían abjurado de tal como de la peste. De un tiempo a esta parte nos encontramos con una infiltración similar en la literatura, donde, autores, llamémoslos, consagrados se han decidido a explorar nuevos terrenos dentro de la ficción menos realista y más cercana a conceptos anticuados como el de Ciencia Ficción (cuando digo anticuado me refiero a la denominación, no al género), o intemporales como el terror o la fantasía. Quizá sean que se han dado cuenta de que si se toma ese camino se abre uno de los caminos más ricos y llenos de posibilidades que existe dentro del fenómeno artístico.
El problema es el de siempre, aunque el creador se ha involucrado en algo bien definido, sin escape, intenta huir como de la peste de la etiqueta consecuente, renegando de aquello que tan buen resultado le ha proporcionado.