martes, mayo 07, 2013

Una pareja singular..., de ases.

Saco de Huesos es una pequeña editorial, una editorial mínima a la que le gusta jugar con el riesgo. Y es que los socios que la componen, y que se dejan el tiempo y el dinero en ella, no dudan en declararse fanáticos de eso que ellos llaman "El género Fosco", fanáticos de los creadores que se arriesgan, que juegan en la lindes de lo extraño, creadores que andan intentado asomar la cabeza por encima del horizonte, en busca de lectores que degusten sus delicatessen oscuras.

Fueron ellos quienes confiaron en mí y publicaron mi primera obra en solitario "Carne de mi carne".

También confiaron en un gran creador como es José Ignacio Becerril Polo y su fantástica "El monstruo en mí"

Y de esta confianza floreció el hecho de que sendos relatos de ambas obras fueran nominados en la categoría de Mejor Relato Nacional de los premios Nocte.

  • Casa ocupada, por José Ignacio Becerril Polo
  • La necesidad del dolor, por José Mª Tamparillas

Ahora, Saco de Huesos quiere hacer llegar a los lectores ambas obras unidas en un mismo libro electrónico recopilatorio llamado: "Par de ases" (.mobi, .epub). Un homenaje sencillo.

Es una oportunidad económica (0.89€)  de acercarse a un gran autor como es Nacho (de mí, ya diréis vosotros lo que creáis oportuno), una oportunidad para, quizá, luego, arriesgarse con ambas antologías.

Por cierto, Nacho ha publicado recientemente otra gran antología;
"El hombre imaginado"

martes, abril 30, 2013

Perros perdidos. próximamente en la revista Cthulhu

Ilustración de Juan Aguilera
Magnífica e inquietante ilustración de Juan Aguilera para mi nuevo relato "Perros perdidos" en el número 10 de la Revista Cthulhu que aparecerá en breve.

"Perros perdidos" es la breve plasmación de una idea que me llevaba rondando la cabeza desde hace unos cuantos años; desde que visité las obras en un barrio de nueva construcción en Zaragoza, uno de esos barrios que surgen de la nada en las afueras, en medio de un erial reseco, sin servicios y abandonado. Se me hizo extraño ver surgir de esa nada, de ese aglomerado de cemento, polvo, boquetes, grúas, cimientos, charcos y desorden, las figuras inmóviles de algunos edificios donde ya vivía gente, gente extraña, a solas con una soledad obligada, alejados de la civilización urbanita. Pensé que era el escenario ideal para un relato de terror; el desencadenante: un gran boquete inundado por las recientes lluvias, la mirada sombría de las gentes, la desolación... caldo de cultivo ideal para lo extraño y oscuro.

jueves, marzo 21, 2013

Benjamín

Una de las virtudes de la literatura, es la libertad que, como lectores, le damos para que juegue a engañarnos y confundirnos. Uno de los placeres de la lectura, entre otros,  es el del juego al gato y el ratón que a veces se establece entre el escritor y su lector, entre la trama y nuestra capacidad de predecir.

Podría haber usado el título de "el placer del engaño", pues Federico Axat, el autor de la novela que comento a vuela pluma, es un evidente admirador, entre otras muchas cosas, del giro argumental, de la rotura metafórica de las caderas del lector, del juego de espejos entre la apariencia, la evidencia y la verdad.


"Benjamín" es un juego constante. Una novela cristalizada, quizá, a través de una rotunda admiración por la intriga, la inteligencia del lector, la literatura de entretenimiento tomada como algo muy serio y Stephen King..., y sí, ya ha salido el tópico de "otro deudor, admirador del tipo de Maine", pero en este caso el tópico no es tal tópico y a su lectura me remito. Es fácil encontrar las trazas que definen el poso que King deja en los autores que han crecido con sus libros en la mesilla de noche, muy sencillo: niños con alto grado de protagonismo, cierto localismo costumbrista, exaltación del valor de la amistad, varios hilos narrativos secundarios definidos por sí mismos, uso de una voz interior/exterior contrapuesta al hilo de pensamiento del personaje... Axat apunta una forma propia de escritura que con el tiempo debiera explotar y diferenciarse por completo de su referente.

Celebro haber dado con esta obra (gracias a Fernando Martínez, que movió el cielo y la tierra para que los de Nocte le hincáramos el diente); en cierto modo me ha reconciliado con un género, el del terror en su vertiente best seller, que me tenía muy abandonado últimamente en lo que a "estrenos" de calidad se refería. Quizá no sea una novela redonda. Su último tramo se me hizo  apresurado, más de lo que demandaba su increscendo natural, alguna escena forzada, mínima, irrelevante, que sobraba y quizá unos pocos personajes importantes hubieran requerido una profundización que sí se perfiló en otros, dejando algo cojo el total; Nada que espantara su lectura, nada que me hiciera resoplar y cerrar el libro, todo lo contrario, dejó un excelente sabor de boca y la sensación de haber encontrado un nuevo referente.

"Benjamín" es una novela recomendable, muy recomendable; un punto de inicio que me incita a seguir al autor en su recorrido. Recientemente ha publicado en España su segunda novela: "El aula 19"

domingo, febrero 17, 2013

Noche de insomnio

Uno se ve sometido a ciertos vaivenes creativos en más ocasiones de las que desearía. Es el sino del escritor no profesional, de aquél que tiene que sacar tiempo (y ganas) de donde sea para ponerse a escribir y crear. Tal y como se ha visto, o no visto, hablando literalmente, en este blog, ha sido una de esas largas ocasiones en las que el silencio y la desgana han superado a las magras intenciones y los buenos propósitos. Quizá se deba a la absorción del trabajo, a la mera y simple pereza que, a veces, nos atenaza a todos, a una cierta extenuación, a la falta de ideas... Solo sé que lo intentaba, pero no era capaz; era algo que notaba, sobre todo, cuando trataba de retomar la novela con la que ando a vueltas. Y es que había topado con un risco, con uno de esos muros que aparecen en la narración, en los que la mera tenacidad apenas valía nada, donde solo el destello de la inspiración podía ser el único estimulante. Ahí estaba la escena a medio terminar, deshilachada en mi mente, roca virgen a devastar. Escena dique, escena maldita, plasmación viva de mi sequedad creativa.

O no era la escena, esa escena concreta de esa novela a medio terminar: eran todas las escenas, de todas las historias

Inspiración que se negaba a salir de su madriguera.

La incapacidad, la visión del folio en blanco, generan una frustración que crece por dentro, que consume con lentitud y afán el ánimo, la alegría, que agostan la intención, la disposición y la necesidad. En momentos así, uno se plantea abandonar y dejarlo todo.

Escribe, me decían. ¿Has escrito ya algo? preguntaban los amigos, lectores ocasionales. Y la respuesta era una serie de excusas vagas, lugares comunes, sonrisas amargas y largas, muchas largas. Luego los remordimientos, la disposición, el intento, la negación, la virginidad inmaculada y dolorosa del papel (pantalla)

Y el tiempo pasaba.
Pasaba sin más.

La historia da un pequeño giro, giro necesario.

No soy de los que suelen sufrir insomnio. Lo contrario, el sueño y el agotamiento suelen ser  enemigos omnipresentes a la hora de acostarme, cuando trato de sacar tiempo para leer con tranquilidad. Esa noche ni siquiera hice ademán de coger el libro de la mesilla. El cuerpo estaba agarrotado, los ojos llenos de arena... apagué la luz a la espera de un descanso reparador. Había que madrugar además.

Insomnio. No recordaba lo que era. La tenaza firme sobre tu conciencia, la gelatina que ahoga la necesidad... Notas cada latido de corazón percutiendo como un martillo neumático, cada susurro como un grito impreciso, cada reflejo como un destello cegador... Si no los hay, los buscas ansioso... y el cerebro, maldita máquina que de vez en cuando siente la necesidad de ir por libre, acelerado, inconexo, a lo suyo. Uno no piensa en esos momentos con coherencia, con la necesaria integridad, piensa sin pensar, el cerebro va por libre, solo percibe el sueño, lo ve, lo acaricia... lejos, muy lejos, como en las pesadillas en las que uno trata de correr y el aire se espesa o las piernas flaquean y el avance es irrisorio.

Una vuelta, otra. Un trago de agua..., respira, trata de darle profundidad y ritmo a la respiración. Joder, la mente, ponla en blanco, no pienses en nada, sobre todo deja de pensar, tío, que eso no es pensar, es desbarrar. No te muevas, mantén los ojos cerrados, a ver si así, con ese magro sortilegio espantas la marea confusa en tus neuronas y convocas a Morfeo.

Una hora, otra..., o no ha sido una hora. Porque el tiempo juega a lo suyo: solo ha sido un instante, unos minutos cortos, pero dilatados hasta la desesperación. La relatividad del tiempo es una nueva tortura a añadir a la larga lista de padecimientos del insomne.

Entonces tomas la decisión. ¿No quieres estar despierto? Pues despierta del todo, no malgastes el tiempo, no molestes a la persona que tienes al lado, roncando suavemente, plena, feliz, con esa expresión de satisfacción que quieres para ti.

Mi galga me vio acercarme. Estaba enroscada sobre si misma en el sofá. Sus ojillos me interrogaban, ella curiosa y confusa, más confusa todavía cuando me tumbé a su lado, a la vera de su calor animal, tan grato en ea noche fría. Quizá así, al ritmo de su respiración, pudiera espantar la vigilia. Y de nuevo el tiempo con su elasticidad absurda, de nuevo una media hora que solo resultó ser un puñado de minutos en penumbra e incomodidad. De nuevo las ideas en un torbellino, físicas, palpables, tan sólidas como las aspas de una batidora. Tara, así se llama la galga, incómoda por mi abrazo, por mis continuos cambios de postura, me dio un par de lametones en la cara y se apartó: venga ya, tío, te quiero mucho, pero te estás pasando, déjame en paz. La acaricié y le pregunté si ella sabía cómo lograr espantar el revuelo de mi mente que ha aparecido de la nada. No fue capaz de responderme..., su silencio canino fue el punto de inflexión. Fue entonces cuando decidí hacer caso del tornado interior, de centrarme en el, de observarlo y estudiarlo.

Es la escena. la maldita escena. Mi cerebro la reconstruye, la anima, la atenaza y la ordena.

Ahí está. Sin más, sin ir a buscarlo, inconsciente y sobrenatural.

Enciendo el ordenador, me hago una pipa de agua a toda prisa. Busco una emisora en internet con música clásica, no sé por qué, pero necesito música clasica de fondo. Me decido sin pensarlo mucho por los Románticos y, tras cerrar la puerta de dormitorio y encender la luz del salón, me siento en la silla, aterido, sin hacer caso al helor, incrédulo y quizá sin esperanzas.

Abro el archivo, voy al final: al punto y seguido, a la coma, a la frase..., no sé, no lo recuerdo. Cojo aire. Y sin más dilación todo brota, el atasco se volatiliza, los diálogos fluyen, los personajes se cuajan con coherencia. Y es entonces cuando el tiempo coge su devenir normal, cuando la interpretación subjetiva de su discurrir desaparece. Son dos horas, dos horas de verdad, de palábras,de párrafos, de borrar y crear de nuevo; la pipa se ha consumido sin casi haberla catado, y de la nada., de una supuesta nada, nacen unas dos mil quinientas palabras que finalizan el capítulo e inician el siguiente, que conjuran el insomnio y que me parece que me han dado a dar alas, inspiración y energía, una energía reposada, domeñada.

Respiro satisfecho. Estiro mi espalda dolorida. Me levanto, le doy un beso en el cogote a Tara, la acaricio y ella como hacen todos esos viejos amigos nuestros, que saben cuando acertar, se yergue, me da la pata y me lava la cara a lametones durante un rato. Luego se tumba, suspira, da un par de vueltas, se vuelve a enroscar (como un bicho de veinte kilos, de patas kilométricas, es capaz de reducirse a la insignificancia, a un volumen compacto y diminuto con tan poco es fuerzo) y se hace una pelota cálida hundida en la comodidad del sofá.

Apago el ordenador. Sonrío satisfecho. Mi mente está limpia como un atardecer al lado del océano.

Duermo

jueves, octubre 25, 2012

Hurgando en las tripas de la creación

El premio y el relato
Con motivo de la concesión del premio Nocte al mejor relato nacional a "La necesidad del dolor", Juan Ángel Laguna Edroso, en representación de Saco de Huesos, la editorial que publicó "Carne de mi carne",  la antología donde aparece el relato (y recordemos que también en el número especial dedicado a NOCTE de la revista Sable, editada por Fermín Moreno), me propuso escribir una líneas hablando de dicho relato. Explicando a mi modo qué me llevó a escribirlo, de dónde saqué la idea, qué mecanismos usé..., o lo qué es peor a la hora de exponer: qué buscaba obtener del lector.

Lo cierto es que me dio plena libertad para escribir a cerca del proceso creador alrededor del relato.

Lo que expongo a continuación son la líneas que sustraje a la imaginación y a la memoria, un juego entre inocente y presuntuoso -un autor suele ser siempre un poco inocente, y un mucho presuntuoso al hablar de su obra- que intenta ejercer de improvisada explicación o disección de algunos de los puntos que anidaban en el inconsciente mientras emborronaba la pantalla del ordenador con semejante engendro.

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Por uno de esos incalificables derrapes del destino, el relato “La necesidad del dolor” inserto en la antología “Carne de mi carne”, ganó este año (2012) el premio Nocte al mejor relato nacional. Mis editores —Saco de Huesos— me han sugerido que intente en unas breves palabras explicar qué me llevó a escribir dicha obra, qué mecanismos use, qué detonantes se presentaron para que lo elaborara de esa manera concreta.

Este breve opúsculo, porque no es otra cosa sino un aburrido opúsculo, trata de explicar dichas cuestiones con un éxito relativo, puesto que, muchas veces, querer aprehender la creatividad es un deseo vano, fútil, abonado al fracaso o como mínimo al enredo.


Pero vamos allá:

La sociedad del hedonismo es esencialmente una sociedad egoísta, aunque, probablemente, sería mejor dejarse de generalizaciones, puesto que dicha sociedad, además, también es individualista y por ello el todo está supeditado más que nunca al individuo, a su goce codicioso. Quizá, como individuos, hayamos dado el paso que va más allá de esa denominada “cultura de la satisfacción”, hayamos dado ese paso que hace que la expresión, ese pilar sociológico, se afine y complete llegando a convertirse en “la cultura de la satisfacción a ultranza”.

Obviamente todo comenzó con el impulso hacia lo material: alguien implantó en nuestra maleable mente una necesidad viciosa y compulsiva por lo material, por una continua y alocada carrera; instiló el deseo y luego nos ofreció la solución al malestar nacido de ese deseo: el consumismo, el placer inmediato de poseer, sin más, poseer sin una necesidad concreta, de poseer fácilmente, casi sin esfuerzo, de poseer y no quedarnos satisfechos con la mera posesión, sino anhelantes ante una falso concepto de cambio y mejora que hace que deseemos esperar poseer lo siguiente que se nos ofrece. Se trata de un juego satisfacción-insatisfacción, perverso. Vivimos en una sociedad que se articula, económica, social y psicológicamente sobre esos cimientos: poseer, elaborar necesidades y deseos para luego calmarlos y completarlos durante un breve instante antes de que la insatisfacción vuelva a hacer mella en nosotros, a toda costa, exigiendo un mínimo esfuerzo por ello.

Es obvio que el paso de lo material a lo que no es material se debió dar en algún momento del proceso, en un día indeterminado de la historia, puesto que lo material, sin duda es una de las herramienta que nos permite manejar y acercarnos a lo inmaterial. Es obvio que alguien alguna vez, en algún lugar dio un paso esencial: el paso que le llevó a cambiar el eje sobre el que rotaba la percepción de esta realidad. Y así, el “puedo poseer, puedo hacer realidad mis deseos y a colmar mis necesidades, la sociedad me permite hacerlo” se convirtió en un “tengo derecho a poseer, tengo derecho a hacer realidad mis deseos y colmar mis necesidades, además la sociedad —cualquiera— no se puede interponer en ello” y lo que es peor, no solo en lo que a lo material respecta, sino en lo que a otras necesidades mucho más esenciales y etéreas se refiere…poseer es un derecho inalienable en el sentido más general del concepto de posesión.

El placer.

“La necesidad del dolor” nace en ese caldo de cultivo:

Habla del placer, cuando el placer es una necesidad enfermiza que se alimenta del dolor.

Hay quien dice que solo cuando la sociedad ha pervertido e hipertrofiado su afinidad, su apego, su gusto por el hedonismo, cuando ha caído en la cuenta de la vacuidad intrínseca del placer a toda costa, abriendo las puertas a ese invitado incómodo llamado aburrimiento, solo entonces, el germen del sadismo y el masoquismo germina con plenitud y tiñe con su brutal impronta los deseos y acciones de algunas personas. Placer y dolor son anverso y reverso de una misma moneda para ellos…, están tan unidos que uno involucra al otro necesariamente: uno no es, sin más, sin el otro; y la consecución del uno no se entiende sin la presencia del otro.

“La necesidad del dolor” parte de esta premisa. La exagera, la pervierte. La lleva al extremo en el que la necesidad del binomio placer/dolor, una necesidad de diseño elaborada en nuestra mente, se encara con el impulso natural insertado en los genes. Hablamos de dos fuerzas primigenias, intensas, poderosas e irrenunciables: lo artificial frente a lo instintivo. Y nada más instintivo, visceral, que el amor de una madre, la sumisión de todo por y para la nueva vida: seguridad, comodidad, alegría, deseo; todo sometido por el nexo inmaterial madre/hijo.

En el relato se sucede un enfrentamiento brutal, descarnado, que subvierte finalmente las reglas no escritas de la ley natural. El resultado de dicho enfrentamiento las rompe de una forma trágica y perversa. Y es sabido que cuando las leyes naturales, las leyes, en general, en el sentido antropológico —quizá folclórico—, son subvertidas, el orden global se tambalea, el equilibrio se rompe a su vez y, es por ello que se abran de par en par las puertas a lo sobrenatural; el fino pero resistente velo que separa ambos mundos se agrieta y permite que uno, el sobrenatural, penetre en el otro a sangre y fuego, lo contamine y, en cierta manera, ejerza de terrible e improvisado Demiurgo que castiga, aniquila y restaura el equilibrio a su manera torcida y aterradora.

Esto es, en esencia, lo que forma la base del relato. Los pilares sobre los que se sustentan esas pocas e intensas páginas. Algo que nos hace preguntarnos entonces dónde reside el horror en él: en el suceso en sí, o en las consecuencias que tal suceso desata. Eso lo deciden ustedes: los lectores.

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Si además del texto, queréis leer la breve introducción de Juan en su espacio en "Ociozero": blog Edit-ando, os dejo el enlace aquí.
También os dejo los enlaces a las entrevistas que tanto Fernando Martínez, como Javier Quevedo Puchal me hicieron, hablando de "Carne de mi carne", en las que también hablo un poco de lo mismo desde otras perspectivas.

jueves, octubre 18, 2012

Renglones torcidos - algo negro

No soy muy amigo de insertar mis obras en el blog. Pero en este caso creo que debo hacer un aparte.
Se trata de un relato breve, un relato negro que escribí con motivo de un de concurso organizado por un espléndido bar de Zaragoza, con un tapeo más que excelente,  que se llama La Republicana: "Cuéntale un cuento a la Republicana".
No gané, pero quedé entre los seleccionados para aparecer en un mini-libro electrónico. Algo más que suficiente

Y lo pongo porque se trata de un acercamiento a la literatura negra, otra de mis pasiones; porque me apetece que, una vez en el aire, no se pierda en el dédalo delolvido literario...; y cómo no, por ese ego propio del artista: entre presuntuoso e inocente.

 
La ganadora, para que quede constancia,  fue Angélica Morales.

miércoles, octubre 17, 2012

Urnieta: XXX Hispacón y premio Nocte

Lunes. Es lunes... o martes, no sé; y después de vivir la semana de Pilares y el fin de semana en Urnieta, de visita en la Hispacón del 2012, mi cuerpo quiere venir a decirme que anda cojitranco, algo vacío, nebuloso, diría yo..., o diría él, o quién sabe.

Sin embargo uno se vuelve con buenas sensaciones, buenos momentos, buenos recuerdos. Y es que lo mejor de estos eventos, quizá antes que los actos en sí, suele ser la gente: toda esa gente que lo organiza y que deja de lado su vida para hacer un poco mejor la tuya, esa otra que apenas ves durante el año, gente a la que no conoces en persona y a la que, al fin, pones voz, sustancia y una sonrisa; también a la gente que ves normalmente, buenos amigos, pero sin apenas tiempo, con prisa y ansiedad urbana. Saludos a todos, saludos y sincero agradecimiento por las muestras de cariño, las conversaciones, las alabanzas y críticas, los tragos compartidos..., la paciencia infinita.

Y también regreso con algo más bajo el brazo.
Un premio.
Un "Cucaracho"
Parece increible.
Sí...
Después de tanto tiempo intentando hacerlo lo mejor posible en eso que es escribir.
Después de tanto tiempo tras de eso que se llama literatura.




Lo dicho: "La necesidad del dolor" relato que cierra la antología "Carne de mi carne" (Saco de huesos, 2011) se llevó el Premio NOCTE al mejor relato nacional.

Agradecer a la gente de Nocte su confianza..., a mis editores esa otra dosis más alta de confianza, a mis amigos su apoyo, a mi mujer su paciencia y amor.

Y felicitar al resto de ganadores y finalistas.
Ganadores de los premios Nocte
Ganadores de los premios Ignotus

Y por si alguien se anima y quiero comprobar si el premio es merecido le animo a que lea, sí, que lea.

Carne de mi carne en Saco de Huesos
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