lunes, abril 21, 2008

Carga simbólica

De nuevo Ismael surge como disparador de ideas a través de sus comentarios.

En uno de ellos habla acertadamente de un concepto básico en toda buena literatura (de terror y de cualquier género o estilo, pero con una carga especial en la de terror) y Ese concepto es el de la carga simbólica de los personajes, algo que podríamos extender sin esfuerzo a cualquier otro ámbito germinal de la obra literaria.

Carga simbólica. Soy de aquellos que adoran las buenas historias, un argumento bien trenzado, interesante y entretenido. Pero no logramos nada si a todo ello no le asociamos ese otro valor añadido extra, ese brillo que hace que una creación surja con fuerza del humus creado por los cientos de miles de hermanas más o menos mediocres, exitosas o fallidas publicadas, y que reposan en los anaqueles de las librerías o los almacenes de los distribuidores. Una buena historia es cuestión de tiempo, de entrenamiento, al fin y al cabo de prueba y error; cualquiera con un poco de imaginación puede obtenerla. Pero no cualquiera sabe narrarla aferrándose al poder perturbador de los símbolos, de aquello que va más allá del aspecto exterior, de la forma inmediata, que se enraíza en el inconsciente colectivo y personal.

Si repasamos las grandes creaciones de la historia de la literatura, encontramos que aquellas que se puede definir como sobresalientes poseen la virtud de la que hablamos. Hablemos de un Shakesperare, de un Steinbeck, de un Poe… hasta de un Lovecraft.

El símbolo constituye un lenguaje dentro del lenguaje, un ir más allá de la mera significación a primera vista, un disparador que conmueve elementos que van más allá de la pura razón primaria, del gusto, de la emoción esencial asociada a la lectura: el símbolo y su carga de poder son elementos que actúan de forma soterrada a posteriori, cuando, una vez la lectura ha finalizado, efectuamos una sana revisión, una elegía al recuerdo que anima ese fondo, a medias intelectual y emocional, capaz de interpretar ese otro lenguaje.

Todo creador de historias de terror debe perseverar en la búsqueda de esas significación simbólica que reafirme el simple argumento, al menos debe intentarlo, y auguro que es un camino difícil.

4 comentarios:

Mr. TAS dijo...

hay auténticas maravillas, personajes quepor sí mismos dan valor a una obra.
desde que leí la primera vez a patricia highsmith me quedé atrapado por tom ripley. un personaje con tanta autoridad, tan maravillosamente caracterizado por su autora que cobra vida.... dentro y fuera del libro.

es por eso que he detestado libros y libros con personajes planos y simples.

en fin, serafín. que es un tema apasionante.
buen blog. nos vemos.

David Jasso dijo...

Yo discrepo un poco bastante con la necesidad del simbolismo en las historias y los personajes.

Cuando leo busco personas reales con las que identificarme, e historias interesantes que me intriguen y cautiven, no símbolos propensos a convertirse en estereotipos.

Lo que ocurre es que determinado personajes, hitos o hechos pueden poseer tanta fuerza que trascienden su historia y se convierten en simbolos, iconos e incluso clásicos.

Pero no creo que el autor deba buscar esto conscientemente, cuando descubro que el escritor de turno ha pretendido trascender convirtiendo en símbolo un personaje, se me cae la historia inmediatamente.

Innsmouth dijo...

Tampoco me gustan las novelas simbolistas, me parecen tediosas y faltas de el nervio necesario, de la tensión particular que anima toda buena creación. Forma, poco fondo.
Obviamente no estoy diciendo que todo autor deba ir y dejarse el alma buscando un forzado simbolismo... es lo que tú dices, encontrar un equilibrio, una sutileza. Primero la trama, los personajes, luego estos aditamentos
Es cierto, en la novela de terror un personaje simbólico hasta el extremo se convierte en algo irreal y acartonado, y muchas veces, hablando en términos de empatía, necesitamos que ese personaje sea absolutamente real y palpable para que el lector se funda con él. Por ello muchas veces es necesario bucear en este terreno más dentro del simbolismo inherente a la propia trama que a los personajes... y cuidado, no hablo de 'grandes' simbolismos, de temas universales y magnificados, pueden ser temas de ir por casa, relativamente sencillos, pero que saben tocar la fibra esencial del alma.

Ismael MB dijo...

Los personajes deben ser reales, para empezar, porque si no no hay empatía. Por tanto, vade retro tópicos en la construcción de personajes.

Pero si hablamos de argumentos, de situaciones y arquetipos especialmente en la literatura de terror, el simbolismo surge por sí solo, de manera natural.

¿No son símbolos los fantasmas? ¿No es Frankenstein un símbolo?

Incluso algo tan prosaico y tan tonto como una silla (holal David) puede convertirse en un símbolo de atrapamiento e impotencia (y quizá de los remordimientos de un mal padre) para un personaje que, por decir algo, fuera tan imbécil como para quedarse atado a ella.

Aunque David Jasso tiene razón en que no hay que buscar el simbolismo de entrada, como instrumento creativo, sino más bien dejar que cada historia fluya y saber encontrar (sobre la marcha o en las correcciones) los elementos simbólicos que posee para darles realce.