miércoles, marzo 11, 2009

Déjame entrar

La literatura de terror bucea en los rincones oscuros, en algunos casos bordea las fronteras y llega a convertirse en un trasunto que se acerca a la pura literatura psicológica. la búsqueda del miedo, de la producción del miedo y la inquietud, ofrece muchos senderos, siendo el mestizaje, usando un término muy de moda, que no el concepto, que ya es añejo, una de sus armas fundamentales.

Déjame entrar es un excelente ejemplo de ese mestizaje, de esa mistura delicada y precisa en el que vemos el clasicismo revisitado, renovado en cierto modo, aderezado con elementos comunes a la literatura contemporánea que hacen su lectura absorbente, cargada de interpretaciones.
Recomiendo, no, exijo, a cualquier amante del terror hacerse con este ejemplo de buen hacer; nos reconcilia, nos ilusiona. Quizá se deba a la frescura de la novedad, pues últimamente la literatura nórdica, con esa visión de la vida, de la sociedad y del comportamiento humanos, tan particular, ha irrumpido con fuerza en las mesas de las librerías y los anaqueles de los lectores.

John Ajvide Lindqvist rebusca en la cotidianidad más dura. Enmarca una historia de vampirismo, en otra, fascinante de deseo, soledad, crudeza y sufrimiento. No hay lenitivos, tanto en la figuración sobrenatural, como en el entorno social y personal. No hay adornos, no hay pagos a una visión mitificada del monstruo, si acaso una cierta introspección más emocional que ontológica, que subraya la diferencia esencial, la crueldad necesaria, intrínseca a la supervivencia.

La novela funciona como una precisa maquinaria, complicada, pero perfectamente ajustada. Quizá a veces nos aturda la propensión del autor hacia el detalle en los personajes, por muy fugaces que sean, por ese seguimiento, casi puntilloso de sus pensamientos y acciones. Sin embargo eso nos acerca, nos sumerge de forma obsesiva, aunque incómoda, en el universo personal que se nos retrata.

Lo cierto es que ha sido un grato descubrimiento. Un aviso de que cualquier creador puede contar todavía mucho y bien: el río no se ha secado.

P.D.
Y la película, la primera, la europea, parece tener excelentes críticas... la esperamos con ansia.

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