jueves, diciembre 10, 2009

En el filo de la navaja

Al terror le gusta jugar en la cuerda floja, o si se prefiere otro lugar común, andar en el filo de la navaja. La incertidumbre es buena simiente. La ambigüedad es la madre, una de ellas, de la tensión. La fina capa que delimita locura de cordura es otro de los mecanismos que se usan en las creaciones terroríficas. En sí mismo no es un mecanismo de acción directa, más bien es un complemento a otros mecanismos, que crea un estrato de necesaria incertidumbre en el lector/espectador. Así como podemos crear una ambientación física, también podemos encontrarnos con una ambientación emocional, y ahí, el juego de la dualidad equilibrio/enajenación suele tener éxito si se maneja con naturalidad y sin estridencias.

El ejemplo más claro lo encontramos en la maravillosa obra de Henry James “Otra vuelta de tuerca”, en ella la incertidumbre que espesa los pensamientos del lector: ¿está el mal ahí de verdad? ¿O solo es la mente de la mujer que cae sin remedio al abismo del delirio? no encuentra aclaración.

En este momento ando leyendo la antología “Caricias de horror” (I Shudder at Your Touch) selección de Michele Slung, y dentro de este cajón de sastre uno encuentra una joya "Cuidando la casa" (Keeping house) de Michael Blumlein, un simple y efectivo ejercicio acerca de la maléfica influencia de una casa adosada a la vivienda de la protagonista. La dualidad maldad contra locura está bien llevada; uno no sabe si la protagonista se desliza por la pendiente que lleva la enajenación y la paranoia, o si la esencia del mal que ella percibe es real y se destila desde la otra casa, contagiándolo todo con su infección siniestra, separándola de lo que más ama.
El autor auna con buena mano dos de los iconos más poderosos de la literatura de terror: locura y la casa encantada, y es algo que puede resultar difícil, decididamente difícil de hacer sin caer en los tópicos. La descripción de la supuesta acción de la casa sobre su vecina y sobre la vida de la mujer es realmente escalofriante en algunos momentos. No hay fantasmas, maldiciones, solo una siniestra influencia que la mente, perturbada o no, de la protagonista percibe con claridad.

En estas viejas ediciones, en estas selecciones, el buen gourmet puede encontrar sabrosos platos. Por ello merece la pena arriesgarse a perder el tiempo buscándolas, el dinero comprándolas y la paciencia, a veces, leyéndolas.

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