sábado, mayo 10, 2014

Basicos del terror: Miriam, de Truman Capote


Sí, han leído bien: Truman Capote, ese escritor convertido en personaje de su propio libro inacabado (ese que iba a retratar sin piedad a los Vip de su época), digerido por su propio éxito, las drogas, el alcohol y el sexo. Uno de los mejores escritores americanos del siglo XX, eso dicen; polémico, narcisista, estridente y con un eventual y cuidado aire de prima donna frívola.

Que leer a Capote es un placer la sabe cualquiera: El arpa de hierba, A sangre fría, Desayuno en Tiffany's..., ahí están. ustedes mismos. Pero cuál fue mi sorpresa, mientra atacaba los "cuentos completos" en la edición de Anagrama, cuando ayer por al noche di con "Miriam". ¿Un cuento de fantasmas? ¿Una escalofriante aproximación, cargada de sensibilidad, al asunto siempre recurrente del mal? ¿Capote? Sí, Capote.

La aproximación al mal de Capote en este relato es delicada y al mismo tiempo implacable (alejada de la que ofrece en su obra canónica A sangre fría); la figura arquetípica de Miriam, la niña que inquieta y asedia a la señorita Miller con su presencia cargada de capricho e intención, despierta en el lector un estado de profundo malestar; malestar que solo se presenta cuando nos sentimos en presencia del mal en estado puro, de ese mal desencarnado, voraz, cargado de ganas de devorar nuestra cordura; un mal que juega con la realidad como lo haría un niño con un puzzle, un mal que acentúa nuestra soledad, nuestra individualidad imperfecta, proyectándola sobre una realidad deformada, irreal.

A veces, desdibujado, Capote, en sus biografías, en la composición que se nos ha querido transmitir de su figura, aparece como uno de esos niños de gran inteligencia, inteligencia trufada con un estudiado y caprichoso sentido de la crueldad, un niño capaz de disfrutar arrancándole las alas a una mosca mientras la convence de que así es más hermosa, esbozando una radiante sonrisa. Ese sentido de la crueldad, de la esencia más primigenia y aguzada del mal es lo que me ha transmitido la lectura de Miriam. Ver en esa niña un reflejo de los instintos del propio autor.

Y sí, hay obras de terror mucho mejores que este olvidado relato primerizo del autor norteamericano, mejor escritas, quizá, sin ese recurso teatral anticlimático que se perfila en su final, pero aún así, Miriam conmociona, no en vano es un susurro de una de las voces que mejor ha sabido escribir acerca del mal en el pasado siglo.

Nota: el relato, en1946. ganó un premio, el O.Henry, en la categoría de mejor relato publicado por primera vez.


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