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lunes, mayo 14, 2012

El bueno, el malo y Reilly

Corrían los ochenta. Yo era un crío, leía mucho y veía todo el cine que podía, cine de los ochenta y clásico. Y no voy a negarlo, todavía no había definido con claridad mis gustos y, sobre todo, las bases sobre las que poder argumentar esos gustos. Así que tragaba todo..., a esa edad no hay problema, uno se come cualquier cosa, hay tiempo, hay esperanza, la sensación de que el reloj corre en contra de uno no existe ni en la imaginación más pesimista.

Alimentarnos, nos alimentábamos con el menú básico de buenos y malos; los buenos nos gustaban, buscábamos imitarlos, y los malos, también nos gustaban, pero no de la misma forma, joder, siempre perdían o resultaban ser más tontos que el protagonista de turno.Tenían que perder, ese era el objetivo. Los medios tonos, las sobras y degradados, todavía no tenían espacio en nuestra mente o quizá sí y no éramos conscientes de ello; vivíamos en un beatífico maniqueísmo.

Pero llegó Reilly, la serie de la BBC "Reilly, as de espías" emitida en TVE, protagonizada por un espléndido Sam Neil, y todo cambió.

Quizá todos tenemos un momento en el que nos damos cuenta de que no todo es blanco ni negro, que "el bueno" puede ser un redomado hijo de puta, pero uno de verdad, sin un código de moral propio, ni uno de esos de novela negra: jurídicamente no sostenido, pero sí social y emocionalmente aceptado. Un día aparece un hijo de puta que en demasiadas ocasiones se comporta como el malo, que es ambiguo y usa esa ambigüedad como un arma más para lograr sus objetivos. Y que, aunque rompe las reglas, nuestra reglas, nos atrae..., y no porque nos atraiga la maldad, no, sino porque, de repente, hemos dado el paso, hemos madurado y nos hemos abierto a un nuevo juego, no de valores, sino de una nueva forma de valorar.  El día en el que el bueno pierde y el malo gana, y no lo vemos mal, lo vemos real.

La luminosidad del blanco, el poder aterrador del negro se diluyen un poco y dejan espacio al gris. Lo ambiguo despliega su capacidad de seducción y, a partir de entonces, nada es igual

Hace poco recuperé la serie y la vi. De nuevo me impactó, de nuevo saboreé la pérdida de la inocencia artística, de la inocencia moral.

viernes, marzo 30, 2012

Marchlands

Hay un terror moroso, lento por imposición, un terror que engaña en su laxitud, que no es más que eso, laxitud mal entendida, una demora sin fondo que el autor considera una buena arma para crear inquietud. Suele ir acompañada de un efectismo mal acompasado, de arranques intempestivos que tratan de sorprender al lector/espectador, de levantarlo de su asiento, pero que lo único que logran es hacerles fruncir el ceño y hacerles exclamar algo parecido a "solo sabes ofrecerme eso".

Luego está ese otro terror pausado, el terror que requiere de un tempo calmo en sí mismo. Es el terror que no puede apresurarse porque entonces pierde todo su poder de evocación y de intimidación. Es un terror que puede ser gradual o no, pero es un terror acumulativo en la percepción del lector /espectador. Los hechos, los personajes, se desgranan al ritmo necesario (en él los personajes son esencialas, más aún que los mecanismos del terror en sí). Aunque no nos engañemos, también hay trampas, hay olvidos necesarios, interrupciones, ocultamientos..., pero el autor maneja esas herramientas con buen hacer, oculta, atrasa, engaña con el objeto de mantener un nivel básico de incredulidad y de tensión, sin el ánimo de ofuscar y ocultar los puntos flacos de la historia, todo lo contrario, intentando subrayar elementos esenciales de ella.


La serie británica "Marchlands" nos ofrece una acercamiento de este segundo tipo. Y lo hace entre dos aguas, flotando entre ese terror gótico asociado a una actitud, a una ambiente, a un lugar; y el terror victoriano tardío de la Gosth Story. Desgrana una tópica historia contemporánea de casa encantada con fantasma, con el discurso narrativo dividido en tres hilos temporales, que se entrelazan y complementan a la perfección: la época que da origen a la trama, una intermedia y aquella en la que la trama encuentra la solución. Así como otras series similares se centran en los eventos, en la forma, en el espectáculo; esta prefiere evocar la historia mediante los personajes. Son ellos los que nos transmiten la angustia, el miedo,  y la incertidumbre..., son los amplificadores necesarios, dado que el lado sobrenatural, aunque no inexistente, sí está reducido a lo esencial.

Podríamos hablar de un terror indirecto.

Una buena recomendación para aquellos que gusten de cierto tipo de terror sobrenatural de baja intensidad, de historias bien hiladas -sin caer en el culebrón o la parodia-, para aquellos que no necesitan encontrar un discurso rompedor, novedoso, sino una buena ejecución de una vieja idea, de una idea eterna y recurrente.

jueves, enero 12, 2012

El malo de la película... perdón, de la serie

Cuando uno se pone a hablar de los personajes de una gran serie como "Boardwalk Empire", normalmente tira por el lado fácil: el papelón protagonista de Steve Buscemi como "Nucky" Thompson.. Pero en estas líneas me quiero quedar con otro de los personajes. Y lo hago por la composición inquietante que el actor Michael Shannon ha construido -obviamente junto a los guionistas- para dar vida al personaje del agente del Tesoro Nelson Van Alden.

Hay hombres oscuros, hombres en los que el mal flota a su alrededor como una engañosa nube de fanatismo violento, de rectitud pervertida, de intransigencia voraz. Suelen ser hombres consumidos en la contradicción deseo/moral que les atenaza, seres ciclotímicos que oscilan entre la negación contumaz y la certeza desintegradora de no ser lo que desean ser. Como leí hace mucho tiempo, son : "hombres de un solo libro", que son los peores hombres, aquellos que pretendiendo ser los más puros, son capaces de las peores acciones convencidos por el ardor de la certeza.

Nelson Van Alden. me da miedo. Me da miedo lo ardiente de su humanidad retorcida, me da miedo la pugna interior a al que se enfrenta día a día, me da miedo su mirada, su debilidad, su economía de gestos, solo rota por repentinas explosiones de furia o de ternura. Sí, es uno de esos personajes que a todo buen creador le gustaría parir: complejo a la par de aparentemente sencillo. Uno de esos "malos" que termina fascinando más que cualquier "bueno".

jueves, noviembre 12, 2009

¿Puedes matar a un niño?

Dentro del tono abiertamente desangelado que le di a la ponencia de la Hispacon, la Mitología del Horror. Hice alusión a un cierto paralelismo entre la figura del niño salvador, del niño conocedor, del niño puro… dentro de la literatura y el cine de terror, y su nexo con al figura del héroe mitológico. Hace poco, los que lo siguen lo sabrán, publiqué ene este blog una breve entrada hablando de la figura de los niños en las creaciones terroríficas. El círculo se ha cerrado esta semana con el visionado de ese clásico llamado ¿Quién puede matar a un niño?

El mundo del terror español le debe un homenaje a Chico Ibáñez Serrador. Su figura prosopopéyica es uno de esos baluartes en los que se escondió, y desde el que luego emergió, con fuerza y éxito, tan denostado género. Su labor en televisión fue encomiable, ofreciéndonos esas joyas que fueron las historias para no dormir. No menor influencia en nuestra generación, tuvieron todas aquellas películas que prologó con su estilo inconfundible, sus escarceos con la literatura… y, entrando en materia, aquellas que nos legó como creador cinematográfico.

De entre todas, emerge con una inquietante capacidad de sobrecoge ¿Quién puede matar a un niño?

Serrador, en realidad Juan José Plans, autor de la obra Juego de niños, en la que se basa el filme, se adelanta al menos en un año a King y sus Chicos del Maíz al crear una atmósfera de paradoja, al recrear un lugar en el que los patrones de conducta de los niños cambian por completo, trasladándose en el eje moral hacia el lado más oscuro y cruel. Abordada desde un punto de vista moral, como ya he dicho, nos pone en medio de una situación que conmueve nuestros principios éticos, y psicológicos más arraigados, aquéllos sobre los que pivota nuestro comportamiento en su esencia instintiva, obligándonos en cierto modo, como a los protagonistas adultos, a actuar en contra de lo natural y establecido cvomo correcto. Es este sin duda uno de los elementos de configuración del horror más efectivos que existe, la subversión del orden de las cosas, el cambio de papeles de lo conocido, sobre todo en términos emocionales y biológicos, esos que se nos dibujan como íntimos, indefectiblemente anclados a nuestros genes.

Un niño haciendo el mal de forma compulsiva e intencionada.

Esta conmoción psicológica, este reordenamiento apresurado de los principios y del comportamiento al que nos vemos obligados a recurrir como espectadores, se ven subrayados por el excelente uso del entorno. No solo la oscuridad y los ambientes cerrados son los únicos marcos adecuados para convocar al miedo. También el sol, el verano, los lugares abiertos, algo tan inocente y agradable como una playa mediterránea, ofrecen una referencia que, bien tratada, matiza y amplifica los efectos perturbadores del argumento terrorífico como tal. Uno llega a aborrecer el sol la luz, sobre todo el exceso de blancura de las casas del pueblo, símbolo extravagante de la pureza retorcida que destilan y esconden en su seno.

Quizá haya envejecido un poco mal, quizá en algunos momentos se abuse de un cierto efectismo (el juego de la piñata de los niños con el cadáver del viejo, la atonía exagerada de los chicos que los deshumaniza aún más si cabe). Aunque otros podamos definir algunas de esas escenas como poderosas imágenes cargadas de intención y osadía. Pero sigue siendo un referente del terror, junto a Los Chicos del Maíz, La Profecía y El Pueblo de los Malditos (de la que quizá en cierto modo beba en algunos momentos, obviamente en la versión inglesa del año 1962, basada en la novela de John Wyndham, The Midwich Cucos, 1957)

miércoles, noviembre 04, 2009

Truco o trato

Uno no comprende qué mueve el mercado de los estrenos cinematográficos. ¿Por que auténticos bodrios, que apenas tienen espectadores, y no me refiero a sesuuudas disquisiciones pseudointelectualoides con ínfulas de arte intemporal, sino a esas otras creaciones casposas y somníferas, pueden aparecer en la gran pantalla, y otras, como la película a la que me refiero van directas al estreno en DVD?
Incomprensible.
Pero la vida es así, Lázaro: injusta, dura.
Hay que ver 'Truco o trato', hay que verla en cuanto se pueda, cómprenla, alquílenla, si pasan de la ley y el orden, bajo su responsabilidad, descárguenla.
Quizá no sea una obra maestra, no, no tiene porqué serlo. Pero es una de esas sorpresas que nos reconcilian con el género. Es difícil ser original en los tiempos que corren, pero este filme lo consigue.
Diferentes historias entrelazadas entre sí, todas ambientadas en un mismo lugar, en un mismo tiempo, una escalofriante y divertida noche de Halloween. Una ciudad tipo, un barrio tipo, una fiesta tipo... en la que las cosas más increíbles pueden llegar a suceder. Cada personaje posee su alma, diferenciada, su carga simbólica e importancia. No sobra nada, ni una escena, ni un efecto, de los cuales, por cierto, apenas se abusa... Algo de agradecer en los tiempos que corren. La bases, bien firmes, son, por un lado la originalidad , y por otro la propiala narración, las distintas historias que se nos cuentan, que se alejan y entrelazan, que se interfieren o se hacen paralelas entre sí en armonía, con una precisión total, sin material sobrante, sin excesos.
Quizá en ella se huele el viejo y amable aroma del cine de los ochenta, del buen cine de la década prodigiosa, donde la calidad y el entretenimiento se conjugaban de forma armónica.

En aullidos
En almas oscuras

lunes, octubre 26, 2009

La huérfana

No se la puede calificar al cien por cien como película de género. Pero "la huérfana", obra del director patrio Jaume Collet-Serra, es un buen ejemplo de ese tipo de historias que sin llegar a ser terror puro, se pueden considerar como ejemplo perturbador de lo inquietante.
No es original... ya lo sabemos; niña mala que aparece en la vida de una familia y se dedica a sacar toda la maldad que late dentro de ella, con mucha inteligencia y una mala leche imaginativa y proverbial, ¿y qué?
Pocas cosas originales hay por ahí.
Pero esto no debería ser nunca un elemento que denigre una obra. Por que lo que importa es el efecto que esta nos produce, y en mi caso Jaume Collet lo ha logrado, ha conseguido que me revuelva en el asiento, que quisiera irme del cine, no porque le película fuera mala, sino porque el desarrollo me producía una inquietud constante, un malestar punzante. Algo que solo recuerdo me produjo, en su tiempo, la joya de nuestro amigo Balagueró "Los sin nombre"
Buen desarrollo, una composición de personajes soberbia, una trama que no decae... una protagonista que nunca flojea, que logra, llegado un momento, producirnos un escalofrío con solo aparecer en la pantalla.

Un consejo, vayan y vean...

martes, octubre 06, 2009

Placer de Gourmet: Apparitions

Todos tenemos debilidades, unas confesables, otras que se pueden susurrar en la intimidad, otras que mejor dejarlas en su lugar del espíritu. De las confesables, les puede decir que una de las mías es cualquier ficción, documento, ensayo o estudio que tenga que ver con los exorcismos.

Quizá tenga que ver con al secreta fascinación que tiene para mí la acción de ese ente poco definido, quizá indefinible, llamado mal. Cualquiera de ustedes que haya leído alguno de mis relatos en el género del terror, verá que ese elemento es el eje, la presencia germinal: el mal como elemento presente en nuestra vida, algo sustancial, omnipresente y funesto. Y ya no solo el mal como una acción, una mera pulsión o elección humana, el mal más como elemento ajeno a lo humano, sobrenatural si se quiere llamar de esa forma.

La verdad es que mi forma de pensar me hace muy refractario, a nivel racional, a admitir la realidad de ese mal sobrenatural en cualquiera de sus variedades; pero como creador y observador de comportamiento, las creencias y cultura humanas, éste se me hace atractivo. Es apasionante como se ha lidiado y se lidia con el concepto en la historia pasada y presente, apasionante ver la capacidad perturbadora que posee.

¿Y por qué les digo todo esto? Porque ya hacía mucho tiempo que no disfrutaba de un acercamiento tan atractivo al tema de la posesión como el que se hace en la miniserie de la BBC “Apparitions”

La virtud de la serie es la de abordar el tema sin recurrir al efecto fácil, a la espectacularidad, atendiendo a la trama y a la humanidad de los personajes, no en vano el problema de la posesión demoníaca es ese, la humanidad del individuo sometida a un ente externo que persigue su corrupción y la del resto de los seres humanos. Su virtud es la plausibilidad, la mínima suspensión de la realidad que se requiere para disfrutar de ella. La palabra clave sería elegancia; no hace falta recurrir a aterradoras escenas, a un espectro fascinante a una trama de espectáculo de variedades, de efectos especiales para inquietar, para hacernos pensar.

El trabajo de los intérpretes es impecable. Una lástima, o no, que solo se halle en versión original con subtítulos.

martes, enero 20, 2009

'Escalofríos': barato, sencillo... y efectivo

En los tiempos que corren el terror, lo mismo que muchos géneros llamados ‘populares’, ha pasado a poseer como fundamental medio de expresión al cine. Cada medio tiene sus técnicas, sus modos de operar, influenciar y mostrar, su narrativa simplificando. Aunque las bases son las mismas, aquello que nos produce miedo, inquietud, angustia, horror, asco y terror es general, la manera de usar y abordar, puede diferir en su expresión.

De un tiempo a esta parte uno se cansa de ver, cómo en el cine, parece bastar una buena idea y un montón de especialistas en efectos especiales para considerar que se tiene una buena baza de juego; cómo el peso recae en efectismos, en sutilezas tecnológicas y de diseño. (Mención aparte las producciones alimenticias, véase remakes, precuelas y secuelas que ni voy a considerar). Por eso, cuando llaga a mis manos —ojos— una de esas películas cuyo poder de fascinación recae en el guión, en el enfoque, en la simplicidad… y funciona, funciona bien y dignamente, entonces me alegro y me reconcilio y me siguen madurando las ganas de ver más y arriesgarme.

Algo así ha sucedió con ‘Escalofríos’ (Wind Chill) Dirigida por Greg Jacobs e interpretada por Emily Blunt y Ned Bellamy.

Se trata de una simple historia de fantasmas, de venganza y de lugares malditos. Una historia manida, un argumento visitado y revisitado, y que sin embargo, si se sabe manejar, si se innova en la forma de narrar, en la calidad del guión, en la atmósfera, si se retorna a lo sencillo, sin grandes alharacas tecnológicas, entonces, repercute como un martillazo en el espectador.

He repetido la palabra sencillez, y no me cansaré de hacerlo. Me gusta la sencillez en el terror, es un buen camino que hace que sea más simple penetrar en la historia: uno se compara con los protagonistas, rebusca en la memoria los paisajes conocidos que se extrapolan a los mostrados, siente que es más fácil generar empatía, y sobre todo, más fácil dejarse llevar por la suspensión de la incredulidad. En el fondo es seguir ciertas vieja reglas bien descritas por aquellos maestros de la ‘Ghost Story’ y que ya me habrán leído repetidas veces: personajes con los que podamos sentirnos cercanos, escenas cotidianas...etc.

Cuando se elige la vertiente fantástica del terror hay que tener cuidado para no obtener una simple obra de fantasía. Es el terror lo que debe primar, y todo buen autor de tal género debe saber esconder, disimular, minimizar los fastos que cargan en la balanza el peso de lo fantástico en cuanto me refiero a fantástico a la forma de mostrar los acontecimientos, no a los acontecimientos en sí.

Es una buena recomendación, sí, merece la pena perder el tiempo con esta película que ni siquiera se estrenó en los cines y fue a parar a los anaqueles y almacenes de la distribución directa en DVD.

¿Por qué? Por que es lenta, porque no se adapta a las convenciones manoseadas del género, no hay sangre, no hay casi sustos fáciles, escenas visuales aterradoras a cámara ultrarrápida, no hay efectismo hueco…

lunes, octubre 27, 2008

La máscara del demonio, de Mario Baba

Hay que revisitar los clásicos, dejarse empapar por su atmósfera intemporal. Los clásicos exigen un trabajo extra. Debemos dejar de lado los condicionamientos sociológicos y culturales mediante los cuales canalizamos nuestra percepción y la interpretación posterior. Es como recuperar una inocencia perdida, a veces como bucear en elementos de nuestro inconsciente a los que apenas se le da importancia en el mundo actual.
Este fin de semana tuve la oportunidad de visionar “la máscara del demonio” de Mario Baba. Durante los diez primeros minutos me sentí incómodo, la narración no lograba atraparme del todo, luchaba por ello, de vez en cuando lo conseguía, para luego volver a alejarse… hasta que me di cuenta de que no era la narración: era yo, mi predisposición, la forma de abordar el cine, la narrativa, una perspectiva sesgada por la narrativa contemporánea. Una vez me zafé de ello, disfruté como un niño.
El filme de Baba no es perfecto, adolece de muchos defectos, una cierta inconstancia, un cierto histrionismo. Lo gótico se derrama desbordado, el dramatismo nos golpea con esa peculiar forma tradicional de narrar el miedo, la angustia. En realidad todo se derrama. Basta observar, dejarse fascinar por el exagerado aspecto de a protagonista, de ese exceso interpretativo (¿sobreactuación?) Barbara Steele. Basta sumergirse en su mirada sobredimensionada, en sus gestos, frases… en las escenas cargadas de fuerza que se suceden unas a otras.
Y sin embargo hay equilibrio, hay una armonía en todo este exceso. Resabio de las historias de la Hammer, una teatralidad atractiva que comienza por hacernos esbozar una sonrisa, y que luego nos penetra y maravilla hasta cierto punto.
En ciertos momentos recordaba la inolvidable“La caída de la Casa Usher”, la insania que se trasmite de generación en generación, el mal apegado a una genealogía como la hiedra venenosa.

martes, octubre 21, 2008

Las Ruinas

Parece que voy tomando el ritmo de nuevo, tanto en mi vida literario cultural, como en esto de llevar al día el blog.
Al grano.
Ayer puede hincarle el diente a la película Las ruinas, del director Carter Smith, basada en la novela homónima de Scott Smith. Quizá sea una señal del destino que ambos autores coincidan en su apellido, un apellido anodino, común, sin personalidad... y no es que la película sea mala, no se deje ver, aburra. No. Es un producto discreto que se deja ver y entretiene, con una buena base que probablemente no se ha sabido explotar como debiera.
Tenemos un argumento prometedor aunque cerrado: unos jóvenes turistas norteamericanos deciden pasar sus últimos días de vacaciones en México visitando unas antiguas ruinas mayas, desconocidas, y que guardan un secreto letal. Por ello quedan atrapados, sin salida aparente.
El director y guionista juegan con nuestra empatía frente a la situación de angustia de los personajes. Primero, al verse atrapados sin saber porque, luego al descubrir el origen del mal que les acecha, tercero, ante las medidas drásticas de supervivencia que deben tomar. Sin embargo esta empatía apenas surge. Los personajes son planos, indefinidos; el director y los actores no nos ofrecen figuras accesibles y humanas, ni siquiera arquetipos o estereotipos bien perfilados. (Quizá sea el peor error, junto al decepcionante, abierto y manido final, o algunos errores de concepto como las flores cantarinas, más ridículas e incomprensdibles que escalofriantes) No hay forma de identificarse o de crear una cierta afinidad emocional con ninguno de ellos.
La verdad es que el filme no tiene grandes pretensiones, se limita a contar una historia limpia. Las únicas 'trampas' que nos encontramos son debidas a la flojedad de las interpretaciones y la ya mencionada blancura de los personajes. Dado que su angustia no se transmite, entonces, el director recurre al viejo triángulo: Primero inténtalo con el terror; si no puedes desciende e inténtalo con el horror o la angustia; si aún así es imposible, concéntrate en el asco, en generar desagrado y miedo físico. Una bajada de difícil a fácil, en la que en este caso bajamos hasta el último peldaño.
No todo es mediocre. Encontramos escenas de tensión bien desarrollada, donde la incertidumbre nos logra atrapar e inquietar, el tono y la ambientación son excelentes, lo que hace que podamos dejar un par de horas viendo el filme.
Nos encontramos ante una enésima obra dedicada a hurgar en nuestro miedo a lo desconocido, no en el sentido sobrenatural del término. Hablamos del miedo a esos elementos d ela naturaleza, que ya sea por mutaciones, aberraciones o desconocimiento, son extraños y peligrosos compañeros de cama. En ese sentido, tanto el escritor como el director se han arriesgado. Han dicho, exploremos este terreno trillado y veamos si podemos sacar algo original, al menos en la forma de contarlo, si es que no podemos darle un giro novedoso.
En cierto modo lo consiguen a medias... no les desvelaré más de la película. Simplemente, si tienen ganas y tiempo, adelante.

martes, junio 10, 2008

Soy leyenda

Por fin pude ver la última adaptación al cine de la genial ‘Soy Leyenda’ de Richard Matheson.
Coincido con casi todas las críticas y comentarios que he leído acerca de ella: se trata de un producto desaprovechado… lo que podía haber sido una excelente historia, se ha quedado en una peliculilla más para pasar el rato, sin pretensiones.

Una lástima, pues el inicio es excelente y prometedor, pero conforme los fotogramas avanzan, uno se encuentra con que, por la razón que sea, los creadores no han tenido el valor de ir más allá, de aprovechar la novela y adentrarse, aunque sea de refilón, en las profundidades, en las posibilidades que brinda el argumento.

Creo que nos encontramos ante uno de los vicios del cine fantástico (comercial) actual, la absoluta falta de riesgo, la simpleza, no como bella sencillez, sino como simplonería comercial. Productos medio digeridos, pre-cocinados, por y para el rebaño, sólo eso: pretender que el espectador piense, que el espectador reflexione y vaya más allá de una simple escena de acción, de un efecto especial, de un tópico manido, es algo arriesgado y peligroso.

Triste falta de confianza, triste concepción del espectador y del arte, aunque eso presupone pensar que quieren hacer arte…, o quizá más triste, falta de capacidad por parte de los guionistas, realizadores y directores.

martes, abril 22, 2008

Un artículo interesante en Judex

Juan Carlos Matilla, en Judex, escribe entre otras cosas:

"...los principales males del cine mainstream de terror norteamericano que parece que ha olvidado acudir a la construcción cálida y humana de los perfiles psicológicos, a la adecuación del estilo visual con el tono narrativo y, sobre todo, a la apuesta definitiva por resaltar el cariz fabulador de unas tramas que sepan promover la reflexión, aspecto inherente a la narrativa fantastique que ha permanecido durmiendo el sueño de los justos en la producción estadounidense de los últimos años (salvo honrosas excepciones), más preocupada en noquear al espectador con una batería de efectos visuales en lugar de inquietarlo mediante la adopción de un enfoque de fantasía que remueva nuestros miedos más recónditos."

No hacen falta comentarios. Quien quiera leer el artículo entero, dedicado a la adaptación a la pantalla grande de la novela corta 'La Niebla' de S. King, que entre aquí

viernes, marzo 07, 2008

'Rec'... otro gatillazo

‘Stripers’ zombificadas, vaginas adolescentes dentadas, vampiros suecos colgados, ovejas asesinas, orfanatos tópicos, monstruos gigantes, remakes adocenados y secuelas mediocres…

Esto va de mal en peor, me refiero al cine de terror, claro, a qué otra cosa iba a ser.
Y cuando uno pensaba que en lontananza se divisaba una vela, un buen augurio, al final negras nubes de tormenta y vientos huracanados la alejan hasta hacerla desaparecer.

Hablo de Rec, de Jaume Balagueró y Paco Plaza. Una de esas películas que despertaban el germen de la esperanza, ya no sólo por la agresiva campaña publicitaria que la precedía, como por la solvencia y buen hacer de sus creadores en sus trabajos anteriores.

Muchos me dirán ahora, José María, no sabes valorar la novedad, no sabes ver el trabajo imaginativo que hay detrás, el riesgo… y yo les respondería que valorar tales atributos en solitario no es un trabajo acertado; la innovación o la experimentación formal no son tales si no están acompañadas de un fondo argumental de calidad. Y ahí reside el problema de Rec.
Innovar en el género, desde mi humilde punto de vista, no reside en un mero giro formal. La imaginación debe moverse en dos vías: argumento y forma, si no creamos una suerte de hemiplejia severa… una enfermedad que, en el arte, cuando se anquilosa muta en el un mal entendido academicismo formal. Y si no se lo creen, les invito a que se muevan por los círculos culturales literarios, tanto académicos, como de vanguardia, donde sufrimos continuamente las agresiones de una comprensión sesgada de lo que es ‘buen’ arte, en este caso, ‘buena’ literatura: experimental, formalista, no de género; frente a esa otra creación cochambrosa, sin patina de intelectualidad, como dicen ellos.

Aquellos que nos movemos en el universo de la creación de material de terror no debemos dejarnos impresionar por tracas, donde el ruido y el humo son los protagonistas; redibujar el género exige un trabajo duro que va más allá del exterior.

Sí, Rec me aburrió mucho, ni siquiera encontréesos momentos de susto, que no de miedo o inquietud, que se nos vendía en los trailers. En más de un momento se me dibujó una sonrisa de circunstancias, un, ¿esto es todo? ¿Sólo pueden ofrecerme esto? Y esto de sostener la tensión únicamente sobre la espalda de la forma de narración, de los efectos visuales y los movimientos de cámara... se queda corto, muy corto; no podemos hacer de algo secundario, de algho que sólo rubrica y no firma, un eje fundamental.

Quizá sea al final del film, en ese intento por poner un colofón explicativo, una especie de apaño de circunstancias, donde se entreviera una poca luz, un sesgo de imaginación aplicada al argumento.

Tengo miedo, mucho miedo… estoy haciendo tiempo para echarle el diente e Cloverfield (Monstrusoso en estos lares) que también se sostiene sobre la misma premisa de cambio formal.

Ya les contaré.

miércoles, enero 16, 2008

La mutación del mal

A veces una simple película sin demasidas pretensiones, en uno de esos días especialmente fértiles en lo que a pensamiento se refiere, da como resultado una sorprendente interpretación de hechos, argumento e imágenes, que va más allá de una mera crítica superficial, de un comentario sin más.
Esto me sucedió tras ver Halloween de John Carpenter. Después de escuchar parte de los comentarios que el director de festival de cine de Sitges realizaba, navegando por lugares comunes y citas históricas.
Me siento orgulloso, especialmente orgulloso de lo escrito.
Aquí les muestro una parte, el resto pueden leerlo en ScifiWorld, en mi artículo semanal


"[...]En toda cultura subyace un sustrato, en mayor o menor medida, maniqueo: enfrentamiento del bien contra el mal; son muy pocas aquellas que se libran de esta disposición. Esto es fácilmente visible en las culturas y periodos históricos en los que lo religioso tiene preponderancia, y sobre todo en el horizonte más popular, menos intelectual y académico. La tendencia a la personificación, la necesidad de ver, de corporeizar esas fuerzas enfrentadas, ha sido otra de las constantes a tener en cuenta. Tanto lo bueno como lo malo necesitaban ser palpados, asumir roles que permitieran una mejor ejemplificación, comprensión, o simplemente presencia. Dioses, diosas, demonios, diablos, monstruos míticos, divinidades de todo signo aparecieron y desparecieron a lo largo de los siglos. El género de terror ha dado buena cuenta de ellos, mostrándonos toda una galería de aportaciones malignas teñidas de con mayor o menor ambigüedad, de un sesgo religioso.
¿Pero qué sucede en los tiempos en los que la creencia es un valor en baja, casi extinto? ¿Tiempos donde moral y religión se separan? ¿Qué sucede cuando las imágenes creadas han perdido su función evocadora y sólo se mantienen como comparsa de un circo entre dantesco y humorístico?
Sucede que la dialéctica bien mal permanece, secularizada también, quizá pervertida y desequilibrada, las modalidades de aparición antiguas no sirven, se han quedado caducas, y por ello se han de buscar nuevas formas de expresión.[...]"

Ver artículo completo

miércoles, enero 09, 2008

Monstruoso... o como zaherir al espectador desprevenido

¡Oh, cielos, ahí viene!

Es la imparable estrategia comercial de Monstruoso —Cloverfield, para los amigos—, la nueva película de bicho devastador, de catástrofe y escabechina, creada por J.J. Abrams, también padre de la criatura televisiva Perdidos, dirigida por Matt Reeves.

¿Qué no saben nada?

Dios mío, entonces son ustedes de los pocos afortunados a los que eso del Marketing viral no ha contagiado hasta la nausea con una embestida tras otra. Y es que, quizá, el dichoso monstruito de marras, sí, otro más al que le da por arrasar la mítica ciudad de Nueva Cork, aunque sin rostro ni cuerpo, ya ha dado la lata por internet más que cualquier video casero de porrazo y risa fácil, maciza plástica zumbona, o patán de miembro ciclópeo.

Creo que he perdido la cuenta de rumores, de esas cosas llamadas teasers (Dios mío, ¿cómo he podido vivir hasta hora sin saber lo que era eso? ), de trailers en idiomas mil, trasuntos del bicho de marras y demás zarandajas publicitarias destinadas a sembrar la duda y el interés en igual medida.

¿No lo notan? Odio ese tipo de promociones. Sueles ser sustitutivos de un producto mediocre, meras alharacas y fuegos de artificio que deslumbran, pero no terminan de iluminar nada.
Son como antibióticos mal usados, y ya saben ustedes, queridos lectores, ¿qué es lo que sucede cuando abusamos de dichos elementos? Que en este caso cualquier película de buena factura, excelente guión y demás beldades, cuando asoma la cabeza, se ve ninguneada por ese asqueado “ya estoy harto, me están vendiendo otro cuento”.

Quizá Monstruoso sea una gran película, ojalá me equivoque en mi intuición; ojalá disfrutemos en la pantalla y me olvide de estas palabras. Pero mucho me temo que los amantes del género fantástico, y lo que es peor, los que no lo son y andan buscando reconciliarse, recibiremos el enésimo varapalo envuelto en un papel preciosista, en caja de colorines, perfumado y con lazo
Y si no se lo creen, echen un vistazo a cualquier web dedicada a lo fantástico y el cine, lean los últimos artículos, las últimas entradas, y cuenten, cuenten: a ver cuantas de Monstruoso o Cloverfield encuentran

viernes, enero 04, 2008

La cosa

Hay un subproducto del género terrorífico, el ‘de monstruos’ que, con el paso del tiempo, ha ido perdiendo, sino importancia, sí al menos prestigio y calidad, tanto en su vertiente literaria, donde casi ha desaparecido, como en la cinematográfica, donde goza de una mayor repercusión. Y si ya hablamos del monstruo alienigena, ¿qué más queremos? Entonces, ahora, literariamente, apaga y vámonos, y cinematográficamente, pues bueno… cleenex y paciencia
Y sin embargo uno mira atrás y contempla con sana envidia maravillas como Alien, el octavo pasajero, y la que hoy me trae de nuevo con ustedes: La Cosa, el film de John Carpenter

Si nos preguntamos cuáles son los aciertos de La cosa, primero deberíamos olvidarnos del monstruo en sí para recorrer con mirada temerosa cómo el director genera un entorno físico y psicológico apabullante. Los dos aciertos de la película son estos, no tanto el formato físico que plantea el monstruo, con sus apariciones terroríficas, y los efectos especiales asociados.
No, la historia bebe de dos miedos arcaicos, la soledad y el engaño.
Recordemos que la película se desarrolla en una base antártica. Por casualidad, un ente alienigena, que tiene la capacidad de infectar para luego mutar y suplantar a cualquier ser vivo, se introduce entre los componentes de dicha estación.
El encierro opresivo de la antártica, la soledad que rodea y define al grupo, asilados del resto del mundo, expuestos a un peligro invisible, un peligro que hace que uno dude hasta de su mejor amigo, Carpenter se recrea y nos enfrenta al terror en su estado más puro. La duda como antecedente de la inquietud, la desconfianza como previo al temor, la incertidumbre como generadora de terror.
En cierto modo son elementos que también se explotan en mayor o menor grado en su antecedente: Alien, donde quizá la soledad, orientada hacia la soledad del individuo, más que hacia la soledad como aislamiento del grupo, adquiere un mayor énfasis.
Atención a la banda sonora que acompaña a las imágenes, sobria, efectista sin caer en la exageración, contrapunto perfecto que sin cobrar protagonismo, subraya nuestro miedo con una línea vacilante.

La cosa tiene un antecedente en la conocida y estupenda a su manera El enigma de otro mundo. Ambas están basadas en un relato de John W. Campbell Jr. (who goes there?), aunque la versión de Carpenter es más fiel al argumento de dicha creación.

No se la(s) pierdan. Es (son) un clásico.

jueves, octubre 25, 2007

El orfanato

La película es excelente, eso es innegable. Nos encontramos con un a ópera prima que no parece tal. Sin embargo, y aquí debo puntualizar, como película de miedo, de terror… película para aterrorizar, se queda un poco escasa, limitada a unas pocas escenas muy bien llevadas.
Y es una lástima, puesto que se le podría haber sacado mucho más partido a ese respecto.
Supongo que, como en muchos casos, todo se debe a la necesidad de hacer comercial el resultado, comercial en el sentido de acercarla al mayor número de espectadores, no a un conjunto limitado de aficionados al género. Por supuesto, es algo respetable.
Pero, siempre ese pero: ¿Qué magnífica película de terror, de terror de verdad, hubiéramos disfrutado?
El problema, que se repite en demasiadas ocasiones, es el de la pérdida de la tensión. El director, el argumento, crean una serie de escenas entroncadas de forma impecable, escenas de tensión en aumento, que finalizan en un clímax de miedo, espanto o susto, dependiendo de la situación… para posteriormente, en un ejercicio de, no sé si llamarlo irresponsabilidad, inexperiencia, apagar de golpe esa fuerza, devolviendo al asiento al espectador como si nada hubiera pasado.
Y en una buena película de terror la tensión es una propiedad que no se debe eliminar, que no se puede apagar, debe estar ahí, de fondo, omnipresente , creciendo a cada escena, sin piedad.
Ejemplos de este hecho (quienes no hayan visto la película absténganse).
Primero:
Su final. Parece como si hubiera tenido temor ante un corte que nos deja con la crudeza a flor de piel, sin más, sin conmiseración; y hubiera sido necesario descafeinar un poco la cosa (¿concesión a la comercialidad?)
Otro:
El error de pretender dar una explicación a lo sobrenatural, a ciertos sucesos. Siempre he dicho que en cualquier relato de terror sobrenatural, los hechos deben suceder, sin más; es así como ejercen su labor de desestabilización, su labor de espanto y escalofrío. Pretender añadir un aditamento racional, esa ventana a la posible explicación, no hace otra cosa que enfriar el ambiente, suprimir la tensión.
Hay dos obras en las que esto que digo se palpa:
La guarida, de Shirley Jackson; frente a La casa infernal, de Matheson. La primera deja las explicaciones, la búsqueda de la verdad, de lado, obteniendo un resultado terrorífico en cada capítulo; mientras que la segunda sólo alcanza esos niveles de miedo cuando lo racional se desintegra, cuando se pierde de vista la afición del autor por la investigación paranormal.

La visión, la lectura de una historia de terror, de miedo sobrenatural es un acto que se ejerce con los niveles de conciencia dominados por el instinto, por lo visceral, con la racionalidad constreñida en un segundo plano. El miedo entra a través de los sentimientos y las emociones; el miedo es empatía.
Cuando penetra lo racional, cuando le abrimos esa puerta, entonces los niveles de atención emocional se diluyen, dando el predominio a lo intelectual: una campo yermo para la generación de esa emoción llamada miedo.

Pero no nos equivoquemos. Es una magnífica película con una magnífica dirección y una actuación de la protagonista y el niño impecables e inolvidables. Una película que espero tenga suerte en su viaje a la meca del cine. Una película que abra puertas a la confianza en la capacidad creativa de nuevos directores.

Vean, vean... y no pierdan de vista a su hijo jugando con el amigo invisible.

martes, julio 03, 2007

Abducidos

No se asusten, por favor, no se me marchen. No voy a hacer publicidad de las pseudociencias y demás magufos paranormales. No, tan sólo les quiero hablar de la serie Abducidos, (Taken). Dicha serie ha sido producida por Steven Spielberg, lo cual implica de partida un cierto marchamo de calidad.

Esta recorre a través de cincuenta años de peripecias las vidas entrelazadas de tres familias, la familia de un abducido en la segunda guerra mundial, la familia de una ‘contactada’ que se queda embarazada de un alienígena y, por último, la familia del militar de las fuerzas aéreas que se esfuerza en desentrañar a cuaqluier precio a qué han venido nuestros amigos de ahí afuera.

La serie hace a lo largo de sus diez capítulos un repaso de lo que ha sido el fenómeno ovni en Estados Unidos, explorando hipótesis, exponiendo hechos de la historiografía de la ‘investigación’ ufológica. La serie se decanta por una determinada interpretación: los ovnis son reales, están tripulados por seres extraterrestres y vienen, se nos llevan, experimentan con nosotros con un determinado y oscuro fin, que sólo se desvela al final de la serie.

Es obvio que hablo de calidad técnica de la serie, de su buena ejecución, de su espléndido guión, el dibujo fino y profesional de los personajes, sus espectativas, motivos y necesidades. No hace falta ser un fanático enfebrecido, ni siquiera un aficionado tímido, ni tampoco un tipo sensato que no crea en esas cosas; todos, todos pueden ver y disfrutar de esta serie. Hasta el descreído más recalcitrante, tan sólo se trata de ficción, de una elucubración fantástica bien orquestada.

La verdad es que, personalmente, soy bastante reacio a pensar que nos visiten seres de otros mundos (al menos, dejando la puerta algo abierta, de esa manera), reacio al fenómeno ovni en sí, y que conste que poseo la certeza del converso, pues, en mi juventud, mordí del árbol prohibido. De aquellos años de curiosidad me queda un poso amable, una gran desconfianza y lo mejor: pervive una total curiosidad frente a este fenómeno y todo lo que sucede alrededor, curiosidad hacia la parte, llamémosla, sociológica, psicológica del asunto.

Me fascina ver cómo y porqué algunas personas creen a pies juntillas en estos hechos, como son capaces de centrar su vida en ellos, manipularla, desvirtuarla… o quizá crearla. A veces pienso que no es sino otra forma de creencia, de fe, de la necesidad de algo trascendente que nos supera, nos engloba, nos da sentido. En otras, un escenario que algunos espíritus débiles usan como medio de autodestrucción; en demasiadas, un perfecto cuento con el que medrar económica y/o socialmente.

Bueno, lo dicho, si pueden echarle mano, vean Abducidos.

martes, junio 05, 2007

Sin noticias de Dios

Retomo con placer esta bitácora después de un tiempo de silencio. Y lo hago para hablar un poco de eso de la globalización del mestizaje entre estilos.

Ayer, junto a mi mujer, tuve la oportunidad de disfrutar de nuevo con la película Sin noticias de Dios, de Agustín Díaz Yanes. Nos encontramos con la enésima vuelta de tuerca sobre el mito de lucha cielo e infierno, sólo que desde una perspectiva diferente, aunque no original (es poco lo que se puede crear que sea de verdad original a este respecto).

Sin noticias de Dios es una buen película, con una Victoria Abril genial, una Penélope Cruz quizá un tanto sobreactuada y una Fanny Ardant espléndida… ya no hay mujeres así, esa época se terminó; permítanme esta salida de tono, por favor.

Película extraña en el entramado repetitivo del cine español actual, donde, por término general nos encontramos refritos y parodias bufonescas, dramones existenciales de autointrospección aburrida y poco más. Quizá sea excepciones así las que todavía nos encariñan con nuestro cine patrio y no hacen que tiremos la toalla todavía.

Pero a lo que vamos.

Sin noticias de Dios es la demostración de esa infiltración de lo fantástico dentro de las artes que antes, de una forma solapada o directa, habían abjurado de tal como de la peste. De un tiempo a esta parte nos encontramos con una infiltración similar en la literatura, donde, autores, llamémoslos, consagrados se han decidido a explorar nuevos terrenos dentro de la ficción menos realista y más cercana a conceptos anticuados como el de Ciencia Ficción (cuando digo anticuado me refiero a la denominación, no al género), o intemporales como el terror o la fantasía. Quizá sean que se han dado cuenta de que si se toma ese camino se abre uno de los caminos más ricos y llenos de posibilidades que existe dentro del fenómeno artístico.

El problema es el de siempre, aunque el creador se ha involucrado en algo bien definido, sin escape, intenta huir como de la peste de la etiqueta consecuente, renegando de aquello que tan buen resultado le ha proporcionado.

lunes, mayo 07, 2007

Pulse o lo perturbador del cine oriental.

A veces el terror viene determinado por elementos ajenos a la propia trama de la historia. Es algo que, sobre todo, se puede observar en el cine de terror. Hablo de la forma de narrar, hablo de la idiosincrasia que empapa al narrador, director o creador, hablo de las peculiaridades culturales que nos impregnan como ciudadanos de uno u otro país, como elementos de una u otra cultura y que, obviamente pasan a formar parte definitoria de la historia que cuentan

El ejemplo claro de esto que digo viene dado por el nuevo cine de terror oriental. Ayer estuve viendo Pulse (kairo), una extraña y desasosegadora película del director nipón Kiyoshi Kurosawa. Y ayer me di cuenta que buena parte de la inquietud que me trasmitía la película no venía dada por la historia en sí, por los efectos de imagen, la fotografía… no, más bien esa inquietud venía reafirmada y enfatizada por la extrañeza, por la diferencia entre la cultura japonesa, sus comportamientos, su forma de mostrar y de provocar emociones, sus tics, culturales, tan distintos a los nuestros, por mucho que nos emperremos en agarrarnos a eso llamado cultura global.

Es quizá por eso que tengo unas sensación tan distinta, un recuerdo diferente cuando vuelvo a las dos versiones de The Ring, excelentes ambas, la occidental y la original.

Obviamente también hemos de indicar lo mucho que ayuda a esa sensación de extrañeza la distinta visión de lo sobrenatural que ambas culturas tenemos. Los fantasmas japoneses son distintos a los fantasmas occidentales; muchas veces en su propio origen, en el motivo de su fantasmalidad, y también porque en ellos en ellos ese hieratismo, esa falta de emocionalidad propia de la cultura nipona se hace más patente, insuflándoles un añadido perturbador a lo propiamente sobrenatural.

Añadir a esto que Pulse es una de esas películas que al menos todo buen aficionado al cine de terror debe ver. Es un film difícil, a veces inclasificable y desorientador, es un cine que incide más en lo visual que en la trama, que en la coherencia del argumento o su claridad. No hay efectos especiales exagerados, sólo un efectismo cuidado que empapa la fotografía, los ángulos de cámara…

Vean, vean… y cuidado, mucho cuidado si algo les resulta extraño en su ordenador.