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sábado, mayo 10, 2014

Basicos del terror: Miriam, de Truman Capote


Sí, han leído bien: Truman Capote, ese escritor convertido en personaje de su propio libro inacabado (ese que iba a retratar sin piedad a los Vip de su época), digerido por su propio éxito, las drogas, el alcohol y el sexo. Uno de los mejores escritores americanos del siglo XX, eso dicen; polémico, narcisista, estridente y con un eventual y cuidado aire de prima donna frívola.

Que leer a Capote es un placer la sabe cualquiera: El arpa de hierba, A sangre fría, Desayuno en Tiffany's..., ahí están. ustedes mismos. Pero cuál fue mi sorpresa, mientra atacaba los "cuentos completos" en la edición de Anagrama, cuando ayer por al noche di con "Miriam". ¿Un cuento de fantasmas? ¿Una escalofriante aproximación, cargada de sensibilidad, al asunto siempre recurrente del mal? ¿Capote? Sí, Capote.

La aproximación al mal de Capote en este relato es delicada y al mismo tiempo implacable (alejada de la que ofrece en su obra canónica A sangre fría); la figura arquetípica de Miriam, la niña que inquieta y asedia a la señorita Miller con su presencia cargada de capricho e intención, despierta en el lector un estado de profundo malestar; malestar que solo se presenta cuando nos sentimos en presencia del mal en estado puro, de ese mal desencarnado, voraz, cargado de ganas de devorar nuestra cordura; un mal que juega con la realidad como lo haría un niño con un puzzle, un mal que acentúa nuestra soledad, nuestra individualidad imperfecta, proyectándola sobre una realidad deformada, irreal.

A veces, desdibujado, Capote, en sus biografías, en la composición que se nos ha querido transmitir de su figura, aparece como uno de esos niños de gran inteligencia, inteligencia trufada con un estudiado y caprichoso sentido de la crueldad, un niño capaz de disfrutar arrancándole las alas a una mosca mientras la convence de que así es más hermosa, esbozando una radiante sonrisa. Ese sentido de la crueldad, de la esencia más primigenia y aguzada del mal es lo que me ha transmitido la lectura de Miriam. Ver en esa niña un reflejo de los instintos del propio autor.

Y sí, hay obras de terror mucho mejores que este olvidado relato primerizo del autor norteamericano, mejor escritas, quizá, sin ese recurso teatral anticlimático que se perfila en su final, pero aún así, Miriam conmociona, no en vano es un susurro de una de las voces que mejor ha sabido escribir acerca del mal en el pasado siglo.

Nota: el relato, en1946. ganó un premio, el O.Henry, en la categoría de mejor relato publicado por primera vez.


viernes, mayo 18, 2012

Básicos del terror: "Che gelida manina", Robert Aickman

Tiene la misma textura que la emoción que suscita un atardecer en la montaña, cuando oscurece, las sombras se alargan y la brisa baja por las laderas, trenzándose entre los pinos. Tiene la misma textura que ese primer trago de un buen malta, cálido, amable y al mismo tiempo retador. Textura de una cerveza de abadía, espesa, fragante, aterciopelada. Tiene esa misma textura que la caricia al descuido de un niño... Y así hasta el infinito. 

Ayer, cuando terminé de leer este relato del señor Aickman, volví a sentir esa emoción contenida que solo algunas pocas creaciones son capaces de suscitar en el espíritu... 

Sí, ya sé que el lenguaje que uso adolece de un sentido retorcido del barroquismo, tiene el olor a espacio cerrado de lo finisecular, pero me da igual: es el lenguaje que mejor transmite, en este caso, la emoción de la lectura. Y aunque las expresiones, las maneras, pueden atufar a rancio, por favor, no se les ocurra pensar lo mismo del relato origen de este comentario. Porque cometerían un grave error; sí, gravísimo error.

Y hablo de textura, sí, lo hago porque el término ha surgido de forma inconsciente y me he dado cuenta que se adecua perfectamente al juego de sensaciones/emociones que se puso en marcha durante y tras la lectura del relato. Aickman no es un escritor de "terror" al uso,es  quizá un escritor de texturas, aunque a él le gustaba más que se le considerara un "escritor de lo extraño". Acertada definición. Los relatos de Aickman tienen una textura especial, extraña, que los hace únicos. Juega al terror ocultando el terror, huyendo de él. Son pocas las veces en las que este se hace explícito, y cuando sucede, su presencia es fugaz.


"Che gelida manina" es un relato que comienza con un elemento cotidiano tan inofensivo o brutal, según se mire, como es el teléfono. Supongo que esa es una de las razones por las que lo considero tan bueno: el uso de lo cotidiano para forzar la presencia del terror, para hacer ese terror accesible, inmediato, sin necesidad de recurrir a situaciones ni elementos que requieran una excesiva suspensión de la incredulidad. Es un relato que hipnotiza, uno donde los tempos de la narración están perfectamente medidos: lentamente, a través del protagonista, vemos, percibimos y sentimos los cambios a los que este está sometido por el desarrollo (deterioro) progresivo de los acontecimientos:  misterio, soledad, extrañeza, necesidad, aprensión, angustia  y por último horror. Aickman crea un sendero milimétrico de emociones, un mecanismo de relojería preciso. Y lo que le dota de ese, permítaseme llamarlo, encanto, a la narración, es la forma en la que lo hace: sin la utillería tópica del cuento de terror; sino mediante la sugerencia, la sombra, la negación y la psicología más  íntima del personaje. Sí, definitivamente el escalofrío surge con mayor energía cuando más escondida y elusiva es la sugerencia del foco del terror, sugerencia, que no presencia.

No en vano, es en nuestra mente donde nace el horror. Es ella quien optimiza el proceso, lo conjura y llama atendiendo a las formas y medios que alimentan nuestros propios miedos.

Un consejo. Corran a comprar, a hacerse con alguno de los libros de Aickam, de él o donde él aparece, da igual. Sumérjanse en su particular visión del terror... y si leen este relato, a deleitarse con la escena final.

jueves, enero 19, 2012

Más vampiros... centenario de la muerte de Bram Stoker

Y es que la Horror Writers Association (HWA), o sea, la asociación de escritores de terror de Estados Unidos se ha decidido a encontrar la mejor novela de vampiros de los últimos cien años. Se trata de un de homenaje a Bram Stoker y su obra en el centenario de su muerte..

Las obras seleccionadas para la votación final son:

  • The Soft Whisper of the Dead
    Charles L. Grant (1983)
  • Salem's Lot
    Stephen King  (1975)
  • I Am Legend
    Richard Matheson (1954)
  • Anno Dracula
    Kim Newman  (1992)
  • Interview with the Vampire
    Anne Rice  (1976)
  • Hotel Transylvania
    Chelsea Quinn Yarbro  (1978) 



El resultado se dará a conocer el 31 de Marzo..
Obviamente tengo mis favoritas. Y etas son las de KIing: Salem's Lot, y la de Matheson: Soy leyenda, por ese orden. Algo relativo ya que no he leído ni la primera (que creo no está publicada en España) ni la última de las obras.

Ir a la noticia oficial

viernes, octubre 08, 2010

Básicos del terror: "El cementerio misterioso" de Patricia Highsmith

A veces, de una lectura aleatoria surge la chispa, aparece una mota de oro entre la arena. Patricia Highsmith es una escritora consagrada por sus novelas protagonizadas por Tom Ripley y la Hitchcockquiana “Extraños en un tren”. Pero también ha escrito relatos. Ha sido leyendo “Catástrofes”, una recopilación de algunos de esos relatos, en conceto unos centrados en los efectos devastadores de la codicia y la estulticia humana en el medio ambiente y en la sociedad, cuando topé con esta estupenda obrita: “El cementerio misterioso”.

El argumento es simple. En un pequeño cementerio de Austria aparecen unas extrañas formaciones, similares a gigantescos hongos, de origen desconocido. Con el tiempo se descubre que tan raras excrecencias no son sino la nefasta consecuencia de una investigación, por parte de unos médicos de un hospital cercano, con pacientes moribundos que van a morir o con difuntos que han muerto, a causa del cáncer. Las excrecencias son tumores sobredimensionados que aparecen en la tierra, que han encontrado la forma de alimentarse sin su huésped humano fallecido, contagiosas, y de las que no parece haber forma de librarse —aunque quedan recluidas en el cementerio y no se extienden.

El estilo de la Highsmith es ágil, claro; y en ciertos pasajes, los justos, casi emotivo. Como en un reportaje periodístico dibuja una realidad perturbadora que pulsa en uno de esos miedos que, aunque no ancestrales, se han anclado con firmeza en nuestro subconsciente. Precisamente es la forma de tratar el tema, sin asomo de amarillismo ni de efectismo, sino con una cierta elegancia, aquello que me ha hecho disfrutar de la lectura y apartarlo a ese pequeño olimpo de relatos destacados.

El miedo, como siempre digo, tiene su caldo de cultivo ideal en el día a día, en los temores más simples, en los demonios que nos persiguen dentro de nosotros mismos... y a lo mejor también por fuera

Y por su puesto, todo el libro en sí es recomendable, especialmente el último de los relatos, una joya oiga.

Reseña 1, en Mi propio blog con casino y furcias
Reseña 2, en Cuchitril Literario

jueves, septiembre 03, 2009

Básicos del terror: El tren de la carne de medianoche. De Clive Barker

Hay filias y fobias. A veces aparecen de la mano, inseparables, contradictorias como otros muchos aspectos del ser humano. Dicen que amar es odiar, y del relato de Clive Barker, “El tren de la carne de medianoche”, quizá podamos hacer un cuadro que expone esto que decimos.

Podríamos decir, en un primer acercamiento, que los protagonistas del relato son los dos personajes de carne, hueso y sangre. Pero la protagonista es la ciudad de Nueva York: un ente omnipresente, una sombra que oscurece cada párrafo, que es marco y protagonista.

Hablamos de un relato que bucea, como otros muchos del autor, en los miedos más atávicos del ser humano, atávicos, y por ello impregnados de un sabor animal, primario, que permite ese acercamiento visceral, brutal diría yo, que siempre es plato de buen gusto en dichas obras.

Ya el título no deja lugar a dudas. Sabemos a lo que nos vamos a enfrentar, solo nos cabe esperar que el autor resuelva bien, que algo tan manido como es el canibalismo, la muerte y la explotación más primaria de dicha muerte, nos impacte, nos sorprenda y no caiga en un mero juego de tópicos, de brutalidad por el mero gusto de la brutalidad, de algo tan tristemente en boga como ese irresponsable sentido de la provocación sin otro objeto que superar el límite de una provocación previa.

Y así es. No nos quedamos en la superficie, tampoco lo resuelve de una manera forzada e incompleta… algo que sucede, como ya dije, en la última versión cinematográfica. Y quizá sea esa resolución, el descubrimiento que hace al final uno de los co-protagonistas de aquello que habita las profundidades de la Gran manzana, de quiénes son y qué representan, aquello que más me ha agradado del relato.

Posee fuerza, coherencia y ese ligero grado de trascendencia fluida que a veces se hace necesaria en una creación de terror de tintes sobrenaturales.

martes, enero 27, 2009

Básicos del terror: 'El pararrayos' de Melanie Tem

Creo que no hay una pérdida de tiempo más grande que ponerse a discutir acerca de si hay literatura femenina y masculina —escrita por mujeres vs. escrita por hombres—. Sin embargo es algo que se viene haciendo y mucho, da juego, mucho juego. Pero no les voy a hablar de esa consideración particular. No. Quiero hablar de originalidad, de la capacidad de innovar sin necesidad de experimentar hasta quebrar el sentido y la forma del relato de terror. A veces se puede innovar bebiendo en argumentos originales, en visiones de pequeños detalles de la vida cotidiana, pasiones, inclinaciones, vicios, carencias u obsesiones.

Si puede busquen a cualquier precio el relato de Melanie Tem ‘El pararrayos’. Aparece en la antología de terror ‘La piel del alma’ de Lisa Tuttle, Colección Cara Oculta en la editorial Mirach. Es un libro descatalogado, una rareza centrada en el terror moderno en manos de mujeres.
Como toda antología es desigual por naturaleza, muy dependiente de los gustos particulares del lector, pero de partida nos ofrece la perla que quiero comentar aquí.

Originalidad. Es un concepto escurridizo cuando se habla de él, pero claro y distinto cuando se descubre y percibe. Este relato rebosa originalidad en su argumento; es la demostración de que el terror, la inquietud, pueden nacer desde perspectivas insólitas. La protagonista es una mujer que ha nacido par sacrificarse, para evitar el sufrimiento a sus seres más cercanos absorbiéndolo ella misma. Es el acto de amor supremo, primero hacia su padre, luego hacia su marido, por fin hacia su hijo pequeño… una capacidad o don que ha transmitido a su hija.

No voy a adelantar más. Sólo anotar que el trabajo de un autor es explorar, descubrir nuevos nichos, transformar elementos de la realidad cotidiana, no sólo mecánicos, sino fundamentalmente emocionales, reorientarlos para conseguir una innovación y una frescura tan necesarias para la evolución del género literario del terror.

jueves, junio 26, 2008

Basicos del terror: la casa del juez, de Bram Stoker

Aparte de su obra maestra, singular y única: Drácula, Bram Stoker fue un novelista y cuentista desigual. La joya de las siete estrellas y La guarida del gusano son dos novelas de resultado desigual, que sin llegar a una mediocridad lacerante, nunca se acercan a la calidad de nuestro vampiro transilvano. Lo mismo sucede con sus relatos, buena parte de ellos recogidos en antologías editadas por la Editorial Valdemar: calidad desigual.
Sin embargo, rebuscando, uno puede encontrar algún que otro abalorio que brilla con luz propia.
Hoy nos trae aquí La casa de Juez (The judge’s house).
Se trata de un cuento de corte clásico, impecable. Como casi todas las obras de la época, para un lector actual, se dibuja previsible, pero si hacemos el esfuerza de arrojar ese descreimiento irrespetuoso, y leemos las líneas con objetividad y desaspego, nos encontramos con un relato muy bien escrito. La casa del juez es un buen ejemplo de cuento clásico de terror. Escrito en 1914, trata de las cuitas de un joven estudiante que huye del trafago cotidiano, escapa a un pequeño y aislado pueblo en busca de paz, y termina alojándose en una viaja casa, antigua residencia de un cruel y estricto juez.
La superstición popular la define como una casa encantada en la que es mejor no entrar y menos ir a vivir. Con apenas unas breves pinceladas, Stoker nos deja entrever la insensatez de semejantes pensamientos. Como en todo cuento influenciado por la Ghost Story, sobre el texto sobrevuela una nube de incredulidad, casi de ironía, que mantiene al lector sumido en un estado de relajada atención, preludio de la entrada de lo sobrenatural y horroroso.
Estamos, para escritores noveles, ante un sencillo y buen ejemplo de cómo tratar ciertos elementos del entorno, de cómo hacerlos aparecer en dosis justas, en el momento adecuado. Una simple lección a estudiar de arriba abajo.
Sin embargo, en mi opinión, lo mejor es su final. Trazado con tiralíneas, sí, quizá algo previsible, pero espléndidamente retratado, con pulso firme, sin aspavientos, sin grandilocuencias… Los hechos suceden severos, incontestables. No hay adornos supérfluos ni expresiones floridas. Sabemos qué es lo que va a ocurrir, lo sabemos desde muchos párrafos antes, cuando el autor nos deja caer una pista, pero no sabemos cómo, y esa tensión se resuelve con corrección, con una frialdad y alejamiento tales que amplifican el propio horror narrado.
Lo dicho. Un buen cuento al estilo más clásico.

Relatos en valdemar:
Cuentos de medianoche
El entierro de las ratas

lunes, abril 07, 2008

Básicos del terror. El color que cayó del cielo, de H. P. Lovecraft.

Nunca he ocultado mi admiración por el Maestro de Providence, nunca lo haré, espero. Es más, enfrascado en la lectura de las obras completas editadas por Valdemar, no dejo de encontrar matices, interpretaciones que despejan dudas.

Lovecraft no fue un escritor perfecto. No creo que quisiera serlo tampoco; en su cabeza orbitaban modos y maneras muy específicos: maneras que se mezclaban con miedos, fobias, aprensiones y obsesiones y que han dado como resultado una obra variada, rica, fascinante, una obra puntera en su tiempo, que, se quiera o no aceptar, revolucionó la manera de tratar con el horror, con lo fantástico.

Releyendo hay mejores y peores relatos. Con Lovecraft hay que tener cuidado, el cariño emponzoña ligeramente el juicio crítico, y en algunas ocasiones, narraciones de calidad media orbitan en el paraíso de las obras maestras debido a cuestiones más subjetivas que objetivas.
Sin embargo hay un buen número de ejemplos de buen hacer global. Hoy me detengo en uno de ellos, una de esas obras a las que la susodicha relectura saca del cuarto oscuro.

Me refiero a ‘El color de cayó del cielo’. En ella podemos ver delineadas las obsesiones que mueven su obra en general:
El prodigioso dominio del entorno. El entorno es un personaje más, con personalidad propia, a veces con personalidad múltiple, una suerte de esquizofrénico cuya paranoia absorbe y contagia a los habitantes que viven sus existencias en él. Los bosques que rodean el valle donde el color insano ronda a quienes habitan, ya de por sí serían causa suficiente de horror, foco de desequilibrio ante su poder de sugestión.

Esencial en la obra de Lovecraft es el horror cósmico; el miedo se trasmuta, no surge de nuestro mundo, de nuestras creencias, de nuestras tradiciones más comunes, no. El miedo viene de fuera, elusivo, anónimo, implacable… extraño, sobre todo extraño. Esta vez a lomos de un meteorito, oculto en su interior, una plaga sin explicación, sin referente. Es ese elemento de extrañeza de intratabilidad, el que le dota de su poder de seducción y perturbación. En el relato asistimos, de la mano del narrador, a la progresiva invasión por parte del horror, no sólo de espacio físico, sino también del espacio mental de víctimas y espectadores.

El lenguaje. Quizá sea uno de los puntos que más críticas reserva a la obra del autor. Sin embargo es también la seña de identidad, el barroquismo, la hipérbole, la exageración en las etiquetas.. hay relatos en que esto se suaviza, sin llegar a desaparecer. El color que cayó del cielo es un buen ejemplo, en sus líneas Lovecraft parece comedirse un tanto, quizá sea esto producto de la propia factura que requiere la narración, pues en ella no aparecen los típicos entes que deambulan, numinosos, innombrables, impíos… sino personajes aturdidos y aterrorizados por algo misterioso e incorpóreo.

Nunca me dejará de sorprender la maestría del maestro.

El color que cayó del cielo me gusta, sobre todo porque se aparta del guión normal que el autor norteamericano usaba con sus productos de horror cósmico. En él el miedo es el auténtico protagonista, un miedo no focalizado, incorpóreo; el miedo caracterizado como un virus que se trasfunde en las almas y los cuerpos.

lunes, enero 28, 2008

Básicos del terror. Carmilla, de Le Fanu.

De entre todos los antecedentes históricos que el vampiro por excelencia, su majestad Drácula, pudo tener, resalta por su energía, originalidad y valentía Carmilla, de Joseph Sheridan Le Fanu.

Permítanme hacer una breve mención y exposición de este clásico:

Le Fanu está considerado el padre de la Ghost Story. Nacido en Irlanda en 1814, siempre atormentado por una vida interior oscura, por una visión derrotista del mundo que le rodeaba, Sus obras abren la puerta a una nueva concepción del terror, siendo en algunos casos, como el que nos atañe, una pionero. Aunque en algunos casos, siguen influenciadas por un decadente género gótico. La Fanu rompe definitivamente con el corsé del género y abre las puertas a la modernidad, a una nueva concepción del terror, más íntima, menos estrambótica, donde los decorados de leyenda se difuminan y ceden preeminencia a las situaciones cotidianas.
Volvamos a Carmilla.

Hablamos de Energía. La lectura de Carmilla es sencilla, sin grandilocuencias, el narrador no necesita de la aparatosidad inherente al relato gótico. El relato se desgrana en tres actos básicos: la presentación del vampiro, la narración de los efectos de esta presencia, el desenlace natural con la caza y aniquilación del monstruo.

Hablamos de originalidad: con Carmilla , la figura folklórica del vampiro se racionaliza, adopta un sesgo menos popular y más sofisticado; el monstruo no es un ente simple, un ser básico con deseos primordiales y un modo de proceder sencillo. No, Carmilla no sólo aterroriza, también fascina a su víctima, entabla con ella una relación más allá de la simple dualidad monstruo-víctima propia de la leyenda popular. Aunque la visión del vampiro de Le Fanú es muy cercana a la que la superstición tenía por entonces: la de un muerto redivivo, es más tarde cuando éste adquirirá ese otro sesgo más diabólico.

Por último, hemos mencionado como característica la valentía. El autor insufla a la acción, entre líneas, una carga gran erótica, arriesgada para la concepción moral de la época en la que escribió y vivió. Lamentablemente Carmilla ha ganado su fama más debido a este hecho y su posterior aprovechamiento cinematográfico, que a su indiscutible calidad estilística y argumental. Por su puesto no podemos olvidar que, ciertamente, Carmilla es una obra de gran cara sexual. Algunos críticos modernos la ven como una metáfora feminista, que postula de forma sutil una, entonces inexistente y perseguida, libertad sexual femenina. Recordemos que en la época Victoriana la moral estaba teñida de cruda represión, de oscurantismo; se soportaba sobre valores morales de efecto represivo y enajenante.

Carmilla es un antecedente. Es muy probable que Bram Stoker escribiera parte de su obra influida por el texto de Le Fanu; hay demasiadas concordancias en la manera de preceder del vampiro, la forma de destruirlo.

Aún hoy en día Carmilla es todavía un antecedente de gran influencia en la visión moderna del vampiro, sobre todo en la obra de Anne Rice, con esa sofisticación y ese sutil aroma a decadencia y crueldad.

Sin duda alguna hablamos de un clásico a recuperar, de una lectura obligada para todo buen amante del terror.

domingo, septiembre 30, 2007

Básicos del terror: La lotería, de Shirley Jackson

Hay depredadores que esconden su esencia asesina, que la diluyen y mimetizan para darse un aspecto confiado e inofensivo. Se ponen a tu lado, te acarician, te embriagan y aturden con un ritual exquisito y sutil. Quizá intuyes algo, una parte de tu ser, íntima, te previene, te llama a huir, pero el poder de seducción de esos ojos es sobrecogedor, intratable. Cuando te has dado cuenta, ya es demasiado tarde, su abrazo mortal ha hecho presa en ti; sientes una laceración, un postrero pinchazo de infinito dolor. Luego la negrura, el vacío.
Este relato de Jackson actúa a así. Te arrulla, te fascina, te dejas llevar por su ritmo pausado y bucólico. Pero sabes que es un relato de miedo, sabes que el germen de lo maligno anda suelto, se esconde ahí, entre esas frases inocentes, tras esas imágenes inofensivas. Llega un momento en que crees intuir por dónde va a venir el abrazo de sobrecogimiento... sí, una vaga penetración en el futuro.
Y cuando llega, te sacude; la conmoción tarda en penetrar con todo su vigor, pero ya está dentro de ti; te ha cogido.
Respiras. Te permites una sonrisa: una sola sonrisa fría de reconocimiento, de admiración.
Es lo que tiene leer un buen, un magnífico relato.
El terror se esconde en la mayor de las inocencias, el terror bulle y germina en cualquier situación, hasta en la más casual de las acciones.

Lean, lean... y cuidado con los juegos de azar

lunes, julio 23, 2007

Básicos del terror: Los hijos del reino, de T. E. D. Klein

Hay relatos que a uno le hubiera gustado escribir, y no, no hablo de aquellos que son famosos, o de una calidad literaria sin parangón, no. Hablo de relatos que son como uno tiene en la cabeza que se debe escribir cierta historia, que se adaptan al germen de cómo tiene que ser eso del escribir que el aprendiz tiene en la sesera al enfrentarse a la página en blanco.

En este caso les voy a hablar de Los hijos del reino de T. E. D. Klein, narración que aparece en El segundo gran libro del terror, de Martínez Roca.

Hay cosas difíciles de hacer cuando uno se pone a escribir este tipo de historias: la primera es la de transportar a escenarios contemporáneos ideas, historias que beben de una tradición cultural, de una idiosincrasia histórica y estilística muy anterior. La otra es la de hacer aparecer esas ideas como novedosas y no como antigüedades acartonadas, imaginería pulp desfasada y casi risible.

Hablamos de un pueblo viejo, de una nueva concepción mítica del origen del hombre de una raza maldita desde los tiempos remotos, castigada por los dioses… todo con un aire muy lovecraftiano, muy bizarro.

Hablamos de una ciudad, NuevaYork, vista desde una perspectiva diferente, una ciudad oscura, de rincones inesperados, con secretos.

Hablamos de cómo mezclar ambas ideas sin caer en un relato pulp e infantil. T.E.D. Klein nos conduce por las calles de la Gran Manzana con mano firme, enseñándonos esos rincones ocultos donde la oscuridad es capaz de irrumpir para destrozar el precario equilibrio de creencias que nos ssustenta, donde el pasado más fantástico, increible y perverso mantiene su perversidad y se despoja de cualquier viso de fantasía para aterrorizarnos con su realidad más funesta y malévola:

El reto de hacer creíble lo increíble, de sembrar la duda, la piedra de toque de cualquier autor, es eso de lo que hablamos, es eso lo que vemos y agradecemos al terminar de leer el relato.

Lean , déjense llevar por la aparente ironía del escritor, que parece que no se crea ni él mismo lo que insinúa… hasta que lo mejor es dejar de reírse; déjense llevar a un final sutil, sin paroxismo, uno de esos finales que explotan minutos después de haber terminado la lectura, como esos viejos vinos: que ofrecen lo mejor segundos después de haberlos bebido, cuando saboreamos el poso que ha quedado en nuestro paladar.

Lean, lean, y no olviden revisar esos rincones olvidados en el sótano.

martes, julio 03, 2007

Básicos del terror: Chickamauga, de Abrose Bierce

Hay una forma de relato de miedo que no parece serlo, un relato en el que lo terrorífico no apremia, donde no es más que una premonición incierta que late en nuestro cerebro conforme avanzamos la lectura, un terror que sólo se manifiesta como tal en ese último párrafo feroz y despiadado.

Hay autores que no hacen concesiones al lector, creadores que desangran, que rasgan y mutilan nuestras encandiladas e inocentes almas con el arado de la pluma, con una visión del mundo negra, amarga y sin indulgencia.

Ambroce ‘Bitter’ Bierce es, sin duda el abanderado de esos escritores crueles, de esos autores que manejan el terror desde una perspectiva ajena a todo lo sobrenatural y sin ambargo logran pulsar la nota adecuada que nos conmueve y desestabiliza. Bierce, en una visión primeriza y simplona, es el maestro de la ironía macabra, del sarcasmo cruel, sin embargo debajo de todo su obra flota una agudeza brutal en la percepción de ese lado de la vida oscuro y diabólico que es inherente al ser humano, su brutalidad, su pérdida en el océano del instinto, la relación con un universo amoral y por momentos cruel y certero.

Chickamauga

En este relato encontramos definida la pérfida y precisa visión del mundo de Bierce. Donde lo alegre, lo infantil, lo virginal y puro sucumben ante una realidad poderosa, donde la casualidad no es tal, sino un bien tejido sendero que el destino recorre sin compasión.

Uno lee los relatos de Bierce y termina por volverse un desconfiado del universo, del mundo entero, un desconfiado y paranoico que no para de buscar de dónde va a surgir la desdicha, el giro cruel.

Lean a Bierce, lean Chickamauga o cualquiera de sus cuentos. Encontraran una nueva y escalofriante vertiente del terror.

miércoles, junio 06, 2007

Básicos del terror: El día de los trífidos, de John Wyndham

Obra hito del fantástico del siglo pasado, icono señalado, El día de los trífidos (1951) es una de esas obras que todo amante del género fantástico, del terror, debe leer en algún momento de su vida.

Que quizá se haya quedado anticuada, que sea una de esas obras en las que el paso del tiempo ha pesado más que en otras, es posible. Sin embargo mantiene u resabio de obra maestra de la imaginación y la especulación, que la hace apetecible y divertida.

La humanidad se tambalea, un misterioso fenómeno celeste deja ciega a casi la totalidad de la población. Aquellos que mantienen ese sentido esencial deben sobrevivir a la consecuente caída de lo que hasta entonces ha sido esa humanidad. para colmo, un resultado monstruoso de la investigación genética: los trífidos, plantas inteligentes y carnívoras, se expanden sobre la faz de la tierra si apenas nadie que les haga frente.

John Wyndham especula, y lo hace a veces con sumo acierto, no ya en la posible certeza de sus tesis, si no en la totalidad de los miedos que asaltan a los 'supervivientes'.

Si uno lee bien el libro, aunque los trífidos parezcan parte esencial de la obra, en realidad podrían haber sido sustituidos por cualquier otro elemento perturbador que añadiera un punto más de tragedia a la ya lamentable situación de los humanos.

Vuelvan a la guerra fría, a la mentalidad catastrofista que recorrió la literatura cuando el mundo estuvo en un tris e saltar por los aires.

Quizá no sea una obra de terror puro, quizá pulse el instinto de miedo de otra forma a la que estamos acostumbrados, pero merece la pena leerla involucrándonos con el protagonista y sus cuitas, sintiendo su angustia, sus dudas…

Una nota divertida es el nada solapado machismo que rezuman algunos fragmentos del libro, les invito a descubrirlos y sorprenderse

Lean, lean... y no olviden regar sus plantas, sin quitarles ojos de encima.

martes, febrero 27, 2007

Básicos del terror: Los veraneantes, de Shirley Jackson

Hay cuentos de miedo, que no de terror, que insuflan su desasosiego con un retardo discreto y efectivo. Relatos que terminamos de leer sin levantar los ojos del papel, que nos atraen de una forma misteriosa, y que nos dejan, de repente, con una sensación de vacío, de necesitar un más allá. Es esa reacción del lector que quiere más, que necesita más.

Y pasan los segundos y un destello de perturbación ilumina con luz macabra nuestros pensamientos. El alma del cuento ha llegado a nosotros. El argumento ha madurado en nuestro interior, la lectura plantó una semilla de forma furtiva, una semilla que, en cuestión de segundos, germinó y que, al fin, ha florecido con el aroma del desasosiego, con pétalos venenosos de una belleza insondable.

Hay relatos de miedo que no necesitan golpear, se limitan a acariciar, luego sentiremos el escalofrío.

Nos encontramos aquí frente a uno de esos cuentos. Y es por eso que ni si quiera me molesto en hacer un breve sumario.

Shirley Jackson es autora, además de este cuento maravilloso, de la obra maestra The Haunting of Hill House, la Guarida. Obra que todo aficionado al terror no debe dejar de leer.

martes, enero 16, 2007

Básicos del terror: Fantasmas - Peter Straub

Ando enzarzado con el ensayo de Stephen King, Danza Macabra. Dejaré para otro momento una reseña acerca de esta obra. Pero ahora mismo aprovecharé que en uno de sus capítulos, en el que King enumera y analiza cuáles son para él las mejores novelas de terror actuales, aparece como primera en la lista la que para mí es una de las obras redondas de la ficción terrorífica.

Me refiero a Fantasmas de Peter Straub.

Nunca me cansaré de recomendar la lectura de esta obra, acompaño a la recomendación un aviso, como en toda gran novela, tanto en calidad, como en longitud, pude que al principio nos encontremos perdidos o confusos. Pero con Fantasmas no hay que preocuparse, lentamente, con seguridad, el autor despeja las dudas que pudieran habernos surgido y nos sumerge en los espeluznantes sucesos que acaecen en la ciudad de Milburn y por los que la Chodwer Society casi es borrada de la faz de la tierra.

Fantasmas pertenece a lo que se ha venido a llamar el Nuevo Gótico Americano. Señoras,señores, hace poco me enteré de ello, y les aseguro que no sé bien todavía del porqué de esta catalogación. Lo que sí sé es que nos enfrentamos a un relato de terror magnífico, un relato donde uno encuentra fantasmas, vampiros, zombies y hombres lobo… de todo, pero cuidado, a veces estas criaturas no aparecen como tales a las claras y se requiere un mínimo esfuerzo por parte del lector para ubicarlas. Porque Straub no nos las muestra como tales, nos las insinúa con sus actos, con sus palabras y silencios.

Aunque el protagonista absoluto de la obra es el fantasma, una concepción del fantasma un tanto peculiar e innovadora. Un fantasma que es más una encarnación del mal, un mal que pervive a lo largo del tiempo y que gusta de exprimir la cordura y la vida de aquellos que, ya sea a conciencia o de refilón, se acercan a él.

Se trata de una novela complicada, con una multiplicidad de personajes abrumadora, en ella es fundamental no sólo la propia trama terrorífica, también lo es la perfecta ambientación; como ya he dicho en otras entradas, en algunas obras de terror el entorno y la relación con el mal que causa ese terror y los protagonistas que lo sufren es esencial. Quizá algunos dirán de ella que se pierde en un excesivo recurso a la ambientación local, casi folclórica , del entorno, que abusa de excesivas inmersiones en las biografías de los personajes, de flashbacks, pero como toda buena trama de artesanía todas esas hebras, en principio sobrantes, terminan por completar el todo con casi absoluta perfección.

Intentar resumir el argumento del libro sería una tarea complicada que, además, les sustraería una buna dosis de tensión y gratos momentos a su lectura. Tan sólo decirles que corran a sus librerías de segunda mano, a los catálogos de Internet y la consigan como sea. A los amantes del terror con clase les supondrá un grato manjar.

Para los irreductibles del cine, decirles que existe una adaptación cinematográfica de no demasiada calidad: Ghost Story (Historia macabra, 1981), de John Irvin. Donde podemos ver a un grupo de viejas glorias de Hollywood embarcadas en esta sinistra y aterradora composición (Fred Astaire, Melbyn Doauglas, Douglas Fairbancks Jr…. etc).

Espero ansioso sus opiniones

Fantasmas en La tercera Fundación
Fantasmas en El Archivo de Nessus

jueves, noviembre 16, 2006

Básicos del terror: La pata del mono - W.W. Jacobs

A veces el relato más simple, inicio, nudo, desenlace, todo ello bien llevado, es el relato más perturbador del mundo.

Hace ya mucho tiempo que leí la pata del mono, y cada vez que por gusto vuelvo a acercarme a él, más elementos de sorpresa encuentro, tanto como aficionado lector, como aficionado creador. Es envidiable el manejo del ritmo, la ambientación: sobria pero eficaz, el retrato esbozado, pero certero de los personajes, el sólido final... ese final que, como en todo buen cuento de fantasmas, deja todo o casi todo a la imaginación del lector.

De W.W. Jacobs (1863-1943) hay que decir que era fundamentalmente un escritor de relatos de ambientación marinera, dramaturgo, siempre tirando hacie el género humorístico. El que comento es su relato más conocido, uno de esos casos de pervivencia puntual que tanto abundan en la literatura fantástica, pues aunque publico varios más de temática sobrenatural, apenas se recuerdan.

La pata del mono es uno de esos licores que todo buen aficionado al terror debe beber sin ideas preconcebidas. No es una más de las comunes Gosth Stories que uno pude encontrar en la Inglaterra de la época. Es un cuadro de la entrada subrepticia y maligna de lo sobrenatural en la vida cotidiana, un elegante escrito que busca el incierto desasosiego, emparejado a lo más simple, lo más nimio, como portador en sí del mayor de los peligros.

Y se dirán. No habla del argumento, ni si quiera nos da un apunte. Pues no. Este relato es de los que hay que abordar con la mente en blanco, saborearlo con fruición y masticarlo lentamente una vez se ha cerrado el libro, apagado el ordenador, o guardado las cuartillas.

Espero que lo disfruten.

Lean, lean... y cuidado con lo que quieren.

W.W. Jacobs en wikipedia
El cuento en Ciudad Selva

martes, octubre 31, 2006

Básicos del terror: Vera, de Villiers de L'Isle Adam

Hace ya un tiempo, casi al principio de haber creado este blog, hice alusión en una entrada, también con la pretenciosa entradilla de básicos del terror, a uno de esos relatos que vinieron marcados por la forma y el tiempo en el que fueron leidos. En este caso sucede algo similar. Y es que Vera es uno de esos relatos exquisitos y siniestros que sólo causan efecto bajo el influjo que tejen la oscuridad, el silencio, la soledad y la melancolía.

Vera es, permítaseme el abuso del adverbio, sensualmente terrorífico, Vera es un hermoso cuento de fantasmas escrito con un lenguaje de belleza absoluta, con una expresividad melancólica y envolvente. En él es el deseo, la conversión de la realidad mediante el ejercicio del deseo, mediante el olvido, la segregación de lo evidente y real, valga la redundancia, quien protagoniza, con toque de escalofrío, la narración.

Vera es una fábula, salpicada de sensualidad, simbolismo, desgarradores sentimientos y pasiones inflamadas, un relato que, a la postre, nos narra hasta qué metas nos puede llevar la negación de la realidad, hasta dónde la literatura, la creación es capaz de hacernos ver un mundo en el que las únicas leyes que parecen regirlo todo, son aquellas que nosotros proponemos en nuestro egoísmo. Cómo lo natural se pliega frente a la locura y la necesidad; cómo lo mágico y espectral espera sólo de nuestra necesidad más acuciante, de nuestro pasión, para nacer y envolvernos en una mortaja de aroma celestial.

Hasta ahora les he hablado de un terror positivista, de una concepción mecanicista del miedo y lo sobrenatural. Vera supone la entrada en este blog en una corriente clásica, en la que la fantasía, en su vertiente más aquilatada, aunque macabra, posee un estatus absoluto, en el que el efecto, el suceso, el núcleo narrativo se ve supeditado a la forma, al lenguaje.

Lean, lean... y mucho cuidado con lo que se desea. El amor es más poderoso que la muerte.


Vera - en CiudadSelva
Un rebelde idealista de fin de siglo: Villiers de L‘Isle-Adam, el cuento y la ironía

lunes, octubre 02, 2006

Básicos del terror: la casa en el Límite, de William Hope Hodgson

Dentro del amplio ámbito del terror nos encontramos con una subespecie que casi todos los autores han explorado, la de “la casa”, los ejemplos son apabullantes: La Caída de la Casa Usher de Poe, Malpertuis de Jean Ray, La Casa Infernal de Matheson, La Guarida de Shirley Jackson, Salem’s Lot de Sthephen King… infinidad de buenos relatos, y muchos más que me olvido, seguro.

Pero hay una, ya no antecedente, sino referente, un referente sustancial de la literatura de terror que sobresale de las demás como un hito, como un poderoso foco: La Casa en el Límite de W. Hope Hodgson (en algunas ediciones la casa en el confín de la tierra).

Hace ya tiempo, en unas vacaciones atribuladas, le hinqué el diente de forma algo desordenada y sin la suficiente atención, ahora, después de unos años, he vuelto a encararme con ella y, lo reconozco, he disfrutado bastante.

En esta obra se aglutinan muchos tópicos, a veces demasiados, lo que hace que su lectura, llegado un momento resulte algo pesada, pero sin perder nunca su encanto. Desde la casa como portal dimensional, la casa como foco de maldad, la casa como puerta al mundo de los muertos, la casa como ente cuasi orgánico, dotado de una personalidad propia y siniestra. Y también podemos hallar cientos de matices. El autor nos daoportunidad de ir más allá de la propia casa como protagonista. La obra juguetea con el terror más puro en forma de sanguinarios monstruos de pesadilla, y de una forma más sutil y atractiva, con la interdimensionalidad del universo, con el desgarro de la pared que separa un cosmos de otro en el tiempo y en el espacio.

Aunque quizá sea la parte más pesada del libro, los capítulos en los que el protagonista es el centro de un viaje en el tiempo y en el espacio hasta el fin del universo conocido, son unos de los mejores referentes de una ciencia ficción esencial y mística, de una ciencia ficción en la que la fantasía se segrega por todos los poros, ofreciendo una visión oscura y desgarrada del devenir inmensurable de lo conocido.

Hope Hodgson no puede desembarazarse, lo mismo que Machen, de su origen galés, de la panoplia de referentes cuentos y leyendas que ha mamado desde niño, de la esencia arcaica y oculta que segrega su tierra. Aunque sus obras más conocidas son las relacionadas con la temática marina y el terror, es en ésta, donde mejor se resuelve el porqué de ese interés obsesivo por el lado oscuro de lo fantástico, por aquello que está oculto y nos acecha en los umbrales.

Merece la pena leer este libro, es obligado para quien quiera profundizar en la historia germinal del terror moderno, pues en él se prefigura con claridad ese concepto fundamental que, más tarde, Lovecraft y otros autores contemporáneos llevarán adelante con todas su consecuencias: el Horror Cósmico, o cómo otros llaman: el cuento de terror materialista.

Sí, La casa en el Límite se puede definir como una gran prefiguradora, como una obra en la que flotan, apenas esbozados, un buen número de temas que más tarde se desarrollarán en toda su intensidad.

Lean, lean… y tengan cuidado de quedarse dormidos entonces. Quizá no les guste dónde despierten.

Cita en elmundolibro.com
En wikipedia
En literarea fantástica

lunes, mayo 08, 2006

Básicos del Terror: "Antiguas Brujerías", de Algernon Blackwood

Hay relatos que se repiten en antología tras antología. Es el caso de algún autor, y cuando de terror se habla, el maestro Blackwood está siempre ahí. Podría haber escogido el que quizá sea su relato más famoso El Wendigo, pero bueno, esa es otra historia. Hoy me centraré en una de las obras de este autor a las que más cariño profeso.

Blackwood es uno de los maestros de Lovecraft, quizá se le conozca por las comentarios entusiastas del autor de Providence, pero reparar en él sólo por ello, sería injusto. Blackwood debe, no, tiene que entrar por derecho propia en la bibioteca de todo aficionado a la literatura de terror que se precie, por la puerta grande y sin miramientos.

Se trata, casi sin discusión, de uno de los autores que mejor maneja los ambientes, las atmósferas (encuentren por ahí el relato Los sauces...). Los relatos de Blackwood están empaquetados con delicadeza cruel, con minuciosidad, el lenguaje nos trasporta a un lugar, nos deja en él y allí somos cómplices de las peripecias macabras del portagonista.

Antiguas Brujerías pertenece a los relatos dedicados a John Silence, investigador de lo oculto. Aunque la presencia de este personaje es testimonial y sin importancia. Esta vez acompañamos al típico viajero inglés que se ve atrapado por los encantos del Continente en su estado más puro y misterioso. Una aldea perdida en Italia es el escenario perfecto para que este hombrecillo se enfrente al miedo, a lo desconocido, a lo que el tiempo ha ocultado pudorosamente del ojos de los mortales... o quizá se trate sólo de una ilusión.

No diré nada más. Quien quiera que busque, encuentre y goce.

Lean, lean... miau.

El relato en Valdemar (de la tercera fundación)
El relato en Alianza Editorial (de la misma fuente)
El autor en wikipedia
El autor en Letras perdidas

miércoles, abril 26, 2006

Básicos del terror: "Las ratas del cementerio", de Henry Kuttner.

Acometo en esta serie de entradas una tarea grata: la de repasar, sin ánimo profesoral o erudito, sino más bien panegírico y esquemático, ese conjunto de obras y obritas del género terrorífico con las que más he disfrutado en mi vida.

Si a alguien le sirven de guía, bravo; si goza como yo, dos veces bravo.

Recuerdo que yo tendría unos diez, doce, trece años. Éramos unos críos de colegio de curas bastante modositos, aunque con nuestro juvenil punto de malicia, zascandilería e independencia. Fue una tarde veraniega, bochornosa. La clase de lengua y literatura se nos dibujaba a todos como un aburrido tiempo de suspiros, ensoñaciones estériles, sudores y apuntes.

Pero quiso el destino que esa tarde nuestro viejo profesor, reconozco que apenas me acuerdo de él, acudiera algo más tarde y bastante más cansino de lo que era habitual. Llevaba en la mano un librito del que nadie vio el título porque forraba sus libros en papel de periódico.

Se sentó en su silla nos hizo callar con un ademán serio y dijo:

-Hoy les voy a leer un cuento, uno de miedo.

Todos saltamos de nuestro asiento, alegres, aunque silenciosos. Era algo nuevo, y a esa edad lo nuevo fascina. Y más si evita una tediosa hora de objetos indirectos, análisis sintácticos y demás metralla gramatical.

El viejo Masson, guardián de uno de los más antiguos y descuidados cementerios de Salem, sostenía una verdadera contienda con las ratas. Hacía varias generaciones, se había asentado en el cementerio una colonia de ratas enormes procedentes de los muelles...

Así empezaba el relato.

Era una narración corta, de atmósfera, en la que la historia, vista desde una perspectiva ajena, de lector resabiado, hasta resulta manida y tópica. Pero esa tarde, entrando el sol a raudales por las ventanas, todos sentimos el mismo escalofrío, todos nos estremecimos cuando el protagonista se estremeció, todos nos dejamos hipnotizar por la fluida lectura de nuestro profesor. No importaba que el ambiente no invitara a sentir miedo , a dejarse llevar por una narración de terror, no. Dio igual, el relato nos atrapó, nos dominó y nos fascinó. Nadie dijo esta boca es mía durante toda la lectura.

...y se hundió en la negrura de la muerte, con los locos chillidos de las ratas taladrándole los oídos.

Y el silencio siguió flotando sobre nosotros como una mortaja. Ninguno de nosotros se movió. Nadie se atrevió a romper el hechizo que nos dominaba y mantenía helados, sujetos a los asientos, reviviendo los horrores que habían acosado al protagonista, una y otra vez. Quizá imaginando que el susurro tras la pared no era otro profesor, en otra clase, escribiendo en la pizarra con una tiza; no. Quizá ese susurro era el arañar sibilino de una de esas demoníacas ratas, esperando impaciente, deleitándose en nuestro sufrimiento, al acecho.

Muchos años después. Lector ávido y curtido en muchas guerras, di con ese maravilloso libro que Alianza editorial y Rafael Llopis nos han brindado para nuestro gozo y disfrute: "Los Mitos de Cthulhu". Y allí estaba. De nuevo, el relato, las ratas, esperándome.

Sobra decir que hice todo lo posible para tener miedo.

Si pueden lean, lean... no les defraudará.

Kuttner en wikipedia -inglés
Kuttner en la tercera fundación
Los mitos de Cthulhu